domingo, 13 de septiembre de 2009

Sobre la triste caída de La comarca

Samsagaz se despierta todos los días con la salida del sol. Cada vez se ve más viejo y cansado, pero disfruta como un niño con cada pequeña cosa. Pasearse por los vastos campos de La comarca en pleno periodo de colecta, fumar hierba tranquilamente sentado en su terracita, hablar de negocietes con sus viejos amigos en la taberna, el simple y llano día a día constituye para él la paz espiritual que tanto anheló cuando era joven.

Pero este verano ha sido con diferencia el más caluroso de su amplia memoria. Sentado a la sombra de su alcornoque favorito, como todos los días, Samsagaz atrapa por un momento la extraña idea de que el sitio en el que ha vivido siempre ha dejado de ser lo que era antes. Los narcisos de su jardín se mueren cada vez con mayor rapidez. Las cigüeñas no han vuelto a Hobbiton desde hace dos temporadas. La realidad está adquiriendo tonos sepias. Algo intangible está ahogando la atmósfera de la tierra que él mismo defendió del mal hace ya muchos años.

La gente de su generación se ha vuelto pasiva y complaciente. Los jóvenes están cada vez peor educados. Hay en el ambiente una sensación de cansancio general y de falta de proyectos. Las niñas ya no quieren ser princesas. La juventud en general parece haberse metido en un pozo sin fondo. Quizá es por esa música infernal que tanto les gusta.

En la plaza del pueblo la orquesta que tocaba a los clásicos fue sustituida por unos muchachos esqueléticos que gritan como cabras. A veces cogen canciones antiguas y las reinventan con instrumentos artificiales muy desagradables. Otras veces simplemente dan golpes, sin sentido del ritmo ni preocupación alguna. Alrededor de ellos, los chavales bailan primitivamente, restregándose como animalillos en celo, como si estuvieran en una especie de danza del fuego visceral.

Parecen estar en pleno éxtasis. Fuman hasta enronquecer, bailan apretujados como mariscos en una sartén, cociéndose poco a poco en el ambiente desoxigenado. A menudo se pelean entre ellos por pura diversión. Sus miradas reflejan inmenso odio. Sin ningún tipo de decoro, se agujerean las comisuras de los labios para introducirse extraños anillos por toda la cara. Sam no había visto algo parecido desde que luchó contra montones de feos orcos en aquella torre del sitio innombrable.

Entonces, sentado a la sombra de su alcornoque favorito, lo comprende todo. El señor oscuro ha estado jugando sus cartas delante de sus narices, introduciéndose de la manera más sutil en cada aldea, controlando a sus gentes con música embrutecedora y extraños anillos del poder llenos de pinchos. Cabizbajo, se enciende su pipa y comienza a entonar la sintonía del fracaso, entendiendo tristemente que el mal ha vencido.

sábado, 5 de septiembre de 2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

La vida de Donnie

Donnie cierra el Wow tras siete horas de vicio desenfrenado. Necesita descansar un poco la vista. Titubea un rato frente a la sempiterna pantalla, medita un par de segundos y abre su galleta de la fortuna: «Hoy deberás estar atento ante una nueva e interesante oportunidad». Sin terminar de leerlo se saca una pestaña y pone rumbo a su blog personal a toda leche. No hay comentarios nuevos. Rastrea un poco sus últimos escritos y lee con detenimiento dos o tres de sus mejores frases por pura masturbación. Tras corregir una coma vuelve al portal.

Tiene una solicitud de amistad y una invitación para hacer un test sobre qué personaje es cuando va pedo. La aspirante a amiga es una compañera de clase con quien apenas intercambió cuatro palabras y de quien lleva años sin saber nada. Donnie la acepta y condecora con tan honroso título. El test le aparca en otra pestaña para hacerlo luego. Mira su muro. No hay ninguna novedad. Echa un vistazo a su nueva amiga cogiendo cuatro fotos al azar y mirándolas con indiferencia absoluta. Vuelve a su muro. No hay ninguna novedad. Abre un par de periódicos y descubre con asombro que Pellegrini ha declarado que van a darlo todo para hacer un fútbol «espectacular». Ramos va superando la lesión. Zapatero sigue con sus tonterías. Vuelve al muro. Hay una foto nueva. A Nando le gusta. Observa con desdén su horrible jeto del pedo del viernes. Entonces despierta sus dos brazos y su cuerpo anquilosado, se frota las manos y teclea: «xddddddd».

Donnie se pasea de nuevo entre páginas y páginas de periódicos marchitos. Descubre algunas cosas interesantes. La dieciseisava parte de su videojuego favorito se confirma para el próximo otoño, hay nuevas imágenes de una película que jamás irá a ver, y las BLISS acaban de salir a la venta por 299 dólares, pero al parecer esos malditos seguirán el tradicional cambio comercial de euro igual a dólar. Hijos de puta. Vuelve a su blog. No hay comentarios. Vuelve al muro. Hay nuevas fotos de la cogorza, con un comentario de una tía fea que intenta ser graciosa para poder existir. A Nando y a Lola les gusta. A él no. Entra en Lola. Observa sus fotos con el detenimiento de un voyeur que folla menos de lo que le gustaría. Lola ha estado en París en Abril y en Marbella en Agosto, le gustan las gigantescas chisteras estúpidas de colores, subirse a los quitamiedos de La Latina cuando va borracha y fingir que sabe tocar la guitarra mientras la hacen una fotografía. A Donnie le gusta Lola, pero no sabe que Lola no existe. Lola es una ficción digital, una leyenda que una muchacha imperfecta se ha creado de sí misma, una careta de rímel con la que cubrir los defectos propios de la luz natural. Donnie nunca sabrá que no es ella quien le gusta, sino Ella.

Vuelve al muro para ver si hay alguna novedad pero no la hay. Entonces da por finalizada la actividad social de hoy y cierra su segunda vida para meditar un par de segundos. Con los ojos tan apagados como de costumbre, empana su mirada somnolienta en un punto no tan muerto como él, y se da cuenta de que lleva días sin dormir bien. Quizá porque el Wow le consume la vida, o quizá porque está siempre alerta esperando esa nueva e interesante oportunidad que de un poco de color a su mundo sin comentarios.

Cansado, se masturba para anestesiar el corazón.