martes, 27 de enero de 2009

El beso del sapo

Cuentan que una vez un príncipe déspota y mentiroso gonernaba nuestro reino más tumbado que de pie. Corrían malas temporadas para los cultivos y el pueblo empezaba a pasar hambre. Mientras tanto, en palacio las juergas eran cada vez más sangrantes, se derrochaba oro por doquier, la gestión de recursos brillaba por su ausencia, la orgía no parecía tener fin.

Con el paso del tiempo el pueblo empezó a recibir noticias de tales excesos, por lo que empezó a amenazar con alzarse en armas contra sus gobernantes si no les daban una explicación convincente. La camarilla avisó de esto al príncipe, y tras largas discusiones, dispusieron que lo mejor sería que el príncipe bajara al campo a contactar de manera directa con sus súbditos para calmar los ánimos e infundir respeto de nuevo.

El panorama fue desolador. El príncipe pudo comprobar con sus propios ojos cómo la gente intentaba sobrevivir de mala manera en la miseria más absoluta. Ya en la plaza del pueblo, la multitud le rodeó impidiéndole toda escapatoria. Se mostraron verdaderamente agresivos, cada uno por separado le gritaba sus problemas particulares, señalándole todos como el culpable de sus desgracias. Muchos de ellos no tenían trabajo para sustentar a su familia y sobrevivir el duro invierno, otros padecían subalimentación aguda, incluso había algunos con peste. Los más radicales llegaron a alzar sus azadones desafiando a la autoridad, pero sus herramientas blandurrias no podrían hacer nada contra la flamante hoja viperina del soberano, que por cierto era gran espadachín.

Cuando la escena llegaba a su momento más tenso, de repente apareció entre el gentío un pequeño sapo. El animal se acercó al príncipe y se arrodilló ante él. Después le habló con gran respeto sobre su triste condición y le preguntó si él podría hacer algo para ayudarle. La gente se calmó al escuchar su historia, y en seguida se mostraron compasivos. Observando la situación con gran astucia, el príncipe le tomó la mano al sapo y le besó con gran ternura. Acto seguido y como si de magia se tratara, el sapo se convirtió en una hermosa princesa. El pueblo no podía dar crédito a lo que acababa de ver, y estalló en vítores conmocionado, alabando con desmesura la actuación real. Por unos momentos se olvidaron de sus problemas, encargaron perdices para cenar y fueron felices hasta el día siguiente.

El mito está más vivo que nunca.
Las bellas princesas de tierras lejanas sabían lo que se hacían.
Maquiavelo da palmas con las orejas.




lunes, 19 de enero de 2009

La era de los magos

Los tiempos están cambiando de manera vertiginosa. Las cosas dejan de funcionar, el capital se mutila a sí mismo, el sistema comienza a sentir síntomas de su enfermedad, ahora, justo ahora, cuando quizá ya es demasiado tarde para ir al médico. Y es en medio de estas tormentas cuando se vislumbran nuevos horizontes. Los héroes de antaño se dan cuenta de su fracaso y vuelven la espalda a un mundo cada vez más oscuro que no han podido solucionar, emprendiendo su camino hacia casa con el único deseo de que esté la comida caliente para cuando lleguen. Soldados, arquitectos, ingenieros y exploradores, a veces conversan en la partida del domingo sobre lo que pudo ser y no fue, y por las noches rezan para que las nuevas generaciones sepan hacerlo mejor, dando paso, cual alfareros, a una nueva era: la era de los magos.

En algún recóndito rincón de alguna desconocida sala de algún alto edificio de nuestro planeta debe estar gestándose este nuevo tipo de casta. Son hombres cruzados con microchips, genéticamente mejorados con código binario, sus sentidos no tienen fronteras... Parecen superhombres, mal mirados. Genios de la estadística, solucionarán todos nuestros problemas con una buena gama de conjuros, pues su arte es el don de la palabra. Ya falta poco. Dentro de un día tomarán posesión de su cargo. Entonces podremos ver sobre nosotros al nuevo líder, que alzando su báculo, como buen mago negro, gritará a las masas: "Ojos que no ven, corazón que no siente. BLISS ya a la venta". Y el populacho le aclamará, aplaudiendo, cantando y bailando hasta caer extasiados, mientras a lo lejos, muy a lo lejos, unos pocos siguen su partida, rememorando pasadas batallas, lamentándose por no haber sabido qué fue lo que falló, por no haber sido suficientemente listos, porque las BLISS están agotadas, porque ven los hilos...