lunes, 15 de diciembre de 2008

Góndor y su fauna autóctona




Jinetes de Rohan tienen asoladas nuestras tierras desde hace mucho tiempo. Animales salvajes que mean con desprecio en su propio territorio. Antaño fueron hombres, pero una vez despojados de sus cadenas comenzaron a campar a sus anchas como si de una ciudad sin ley se tratara, sin dudar en amenazar a sus vecinos enseñando los dientes cuando alguien levanta la voz. Creyendo cada vez con mayor certeza que la calle es suya acabaron convirtiendo todo lo que les rodea en una olla a presión sobre la que han instaurado a base de hostias un silencio que les legitima. Gusanos tan asquerosos que nadie se atreve a pisar. Asnos incapaces de una conversación. Licántropos babeantes que berrean a la luna con sonidos guturales creyéndose aún personas. Perros sarnosos que muerden, apuntillan, envenenan y resquebrajan tira a tira la piel de una nación que no tiene oxígeno para devolverles el golpe, que ni siquiera tiene aliento para emitir quejidos, que ni siquiera tiene pulso para padecerlos. Como auténticos cerdos a los que les llega cierta brisa de putrefacción, y sin saber que el olor viene de ellos mismos, intentan enterrar antes de tiempo un pseudocadáver que aún respira de vez en cuando. Y ladran, ladran, ladran, ladran...


"Ladran, Sancho, luego cabalgamos"



El Comediante

martes, 9 de diciembre de 2008

El infierno

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La barca de caronte es el metro en hora punta. «Corran, corran, apuñálense, que el barquero no espera más» oigo decir a la ratita presumida medio desvestida. Qué fácil es ser ardiente en la casa de Satanás, donde el ideal de belleza lo marca la ramera. Muchos la siguen y se apuntalan, buscando su pequeño rinconcito, pues la gracia del queso roído es su exceso de agujeros. Mienten, roban, matan, los pequeños buitres por su minuto de gloria. No es tarea sencilla darse a conocer en una metrópoli y las artimañas son de lo más variadas: el chiste convertido en argumento, el ideal convertido en marca... reza un chino en medio de la multitud, al grito de palaguas lepublicanos. «Balatos, balatos». Esclavos todos ellos, y no lo saben. Las bestias del inframundo les tiran mendrugos de pan que son como piedras que te dan y te escalabran, sin dejar de chillar «Subnormales, subnormales, SUBNORMALES». Mientras, la botella de Absenta me dice: «Chupa, chupa, que yo te aviso cuando pase algo». Algunos hombres, con la cabeza ya abierta, se desfiguran a la luz de la luna, convertidos en diablillos que siembran el caos por doquier, unidos todos juntos a la fiesta de Lucifer, cantando y graznando en la noche infinita, bailando y trotando en el reino sin trono. Rebuznan con cada idea, gruñen con cada azote, ríen como hienas estúpidas, chillan como gallinillas a las que dan ganas de rebanarlas el pescuezo. Yo, mientras, chupo y requetechupo, dejando bien limpito el único sable que parece haber por aquí. Entonces aparece la gran bestia, vestida toda de seda, pues no corren tiempos como para descuidar la imagen. Rugiendo y devastando cuanto encuentra a su paso, cubre el anticristo con su negrura cualquier horizonte posible. Bestia se queda; cual ni la música logra amansar, pues aquí todo lo que se oye es la marcha militar de los chulos y las putas. Extasiado, intento silbar a contrapunto de este apocalipsis sinfónico, pero no parece que haya aire; sólo un calor sofocante y estrangulador que por momentos me lleva a quitarme la ropa y unirme al jolgorio. Los carroñeros, con la fuerza de mil demonios, me engullen hacia dentro, unas veces contra mi voluntad y otras de pleno consentimiento, tirándome de unas extremidades que ya ni siento mías, y yo me hundo en el lodo. Bien cogido del rabo me sumerjo en un océano de putrefacción, donde los que no saben nadar se agarran a lo que pillan, haciendo cada uno lo que puede por morder y no ser mordido; y los que saben nadar chapotean panchamente en su propio vómito, como si de la cámara secreta del Tío Gilito se tratara. Y es que a la luz infernal la mugre se confunde con el oro. El becerrillo adora al becerro, cantando y graznando en la noche infinita, bailando y trotando en el reino sin trono.
Madrid, Diciembre de 2008

Eduardo I, El Comediante

miércoles, 3 de diciembre de 2008

En qué día...

No suelo ser más narcisista de lo que marcan los cánones, pero un día decidí esculpirme a mí mismo.
En principio lo hice sólo por mejorar mi técnica. El arte que pone uno en lo que hace cuando se trata de sí mismo se eleva hasta el infinito. Me puse pues a ello, con la dedicación de un alfarero, toque a toque (clik, clik), golpe a golpe (tik, tik), poco a poco(Ctrl Z), como si tuviera todo el tiempo del mundo . Como si cada puto segundo de esta era ebria en la que vivo no fuera un bien con valor en sí mismo, la única acción que hoy sube en bolsa.
Y lo hice. Lo terminé. Y me miró. Todavía me mira.
El problema no es que no puedo apartar de mi cabeza esa mirada de justa superioridad, que a cada rato deseo contemplarle para que me devuelva un grano del interés que yo tengo en él... eso ya me había pasado alguna otra vez, aunque nunca con alguien tan parecido a mí. Y desde luego nunca con algo. El problema es que deseo darle una patada en el esternón, sacarle los ojos y comérmelos.
Mi obra es superior a mí en todo. Es el gran defecto de la ficción. Sus leyes son etéreas, sus límites son extrasensoriales. A veces la imaginación vuela tan alto que está condenada a quemarse.
Intento reirme de él. Al fin y al cabo él está condenado al mármol pixelado. Pero me mira. Mi yo más perfecto aún me está mirando mientras escribo esto. Sus ojos reflejan la paz que uno alcanza cuando se alcanza a lo que nunca se llega. En realidad deseo ser como él.
Quizá me esté volviendo loco. Quizá me apunte a la keratina. Quizá deje los Cheetos. Quizá me salve. Quizá no.
Allá en el otro lado del cosmos Oscar debe estar descojonándose. La próxima vez no le cojeré sus llamadas.

Hay tragos muy largos. Demasiado largos.


El Comediante



"La vida es como el Photoshop. Cuando ves que algo va mal lo retocas. Cuando lo has retocado haces zoom. Cuando vuelves a verlo mal lo retocas. Cuando lo has retocado vuelves a hacer zoom..." (Rey Gohan)