
Jinetes de Rohan tienen asoladas nuestras tierras desde hace mucho tiempo. Animales salvajes que mean con desprecio en su propio territorio. Antaño fueron hombres, pero una vez despojados de sus cadenas comenzaron a campar a sus anchas como si de una ciudad sin ley se tratara, sin dudar en amenazar a sus vecinos enseñando los dientes cuando alguien levanta la voz. Creyendo cada vez con mayor certeza que la calle es suya acabaron convirtiendo todo lo que les rodea en una olla a presión sobre la que han instaurado a base de hostias un silencio que les legitima. Gusanos tan asquerosos que nadie se atreve a pisar. Asnos incapaces de una conversación. Licántropos babeantes que berrean a la luna con sonidos guturales creyéndose aún personas. Perros sarnosos que muerden, apuntillan, envenenan y resquebrajan tira a tira la piel de una nación que no tiene oxígeno para devolverles el golpe, que ni siquiera tiene aliento para emitir quejidos, que ni siquiera tiene pulso para padecerlos. Como auténticos cerdos a los que les llega cierta brisa de putrefacción, y sin saber que el olor viene de ellos mismos, intentan enterrar antes de tiempo un pseudocadáver que aún respira de vez en cuando. Y ladran, ladran, ladran, ladran...
"Ladran, Sancho, luego cabalgamos"
El Comediante

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