Siglo XXI. Democracia. Racionalismo. Libertad de expresión. Sociedad de la información. El conocimiento se transmite y duplica segundo a segundo de manera exponencial... ¡La de utopías que habrá fumigado nuestra preciosa época! Si Platón levantara la cabeza lo primero que haría es hacerse una cuenta en twitter.
Y sin embargo, la gente sigue confundiendo el todo con la parte, la cantidad con la calidad, a con b.. Hoy en día la gente se conforma con respuestas sencillas para preguntas complejas: hay quien nace con estrella y quien nace estrellado, la vida es una caja de bombones y nunca sabes cuál te va a tocar, cuando deseas algo el universo entero conspira para que se haga realidad... A día de hoy la filosofía no es otra cosa que el arte de decir en el momento oportuno una frase curiosa, de esas que incluyen un precioso juego de palabras y encierran una bellísima contradicción, porque, amigo, ¡la vida es una contradicción!
Este es el verdadero fracaso de nuestra civilización. Ciudadanos y ciudadanas, no hagan caso de la televisión. Dejen de temer por la debacle económica, los terremotos, la yihad islámica o la gripe porcina. Si tienen algún motivo para ahogar a sus hijos mientras duermen, estirilizar a sus congéneres, y acudir a la iglesia en busca de la piedad divina, es la invasión de esta nueva especie analfabeta.
El enemigo se camufla bien entre ustedes, utiliza los mismos canales de información que sus antepasados desarrollaron a base de tantos sacrificios, por el mero ensueño de buscar aquello de "un mundo mejor en el que morir"; y satura las autovías con su estupidez, su vocabulario pordiosero y sus costumbres bárbaras. Tengan cuidado de las compañías que frecuentan sus hijos, estremézcanse ante cualquier síntoma, el piercing que consiente hoy puede ser una tez de orco mañana...
La libertad de expresión está muy bien, pero debe estar arbitrada por la verdad, el raciocinio y el buen gusto. Deberíamos de estar de acuerdo en que el mundo más libre no es aquel en el que puedes cagar en cualquier parte.
Si Platón levantara la cabeza, contemplaría patético que sus enseñanzas han quedado sepultadas por charlatanes pseudofilósofos, artistuchos drogadictos y sofistas a mala leche.
Platón se daría la vuelta cabizbajo, rumbo de nuevo a la caverna de la que, al parecer, nunca debió salir. Leónidas no. Leónidas miraría con desprecio a estos infraseres y gritaría:
¡No les deis nada! ¡Quitádselo todo!

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