Vidal levita misteriosamente por encima de su casa. Es de noche, y cada vez está ascendiendo más y con mayor rapidez, dando círculos infernales sin rumbo fijo, de manera totalmente descontrolada. Entonces el pánico le embriaga de los pies a la cabeza, y comienza a gritar con todas sus fuerzas, intentando pedir auxilio, pero de su voz no se desprende más que un leve susurro...
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Se despierta sobresaltado entre las sábanas húmedas de una noche de Verano. Tiene miedo. Oye ruidos misteriosos y en medio de la oscuridad cree identificar sombras amenazantes. Y suda como un negro. Tiene mucho miedo. Se queda petrificado por varios minutos, como si hubiera vuelto a ser un niño, temeroso de percibir una forma horrenda detrás de cada estímulo.
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Sabe que esos sueños volverán a acecharle una y otra vez hasta que salga el sol, por lo que comienza a pensar qué hacer para pasar la noche. Hoy le toca. Aún con la congoja, coge los dos o tres libros que más cerca tiene, todos ellos calados en la misma página desde hace eones. Intenta evadirse un poco...
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Mas en aquella casa y en las que antes he mencionado no se consagraba todo el tiempo a los reyes, sotas y demás real familia, pues siguiendo la general corriente de los tiempos, se hablaba mucho de política. Iba a ellas con frecuencia, y durante sus días de vagar, el tío Mano de Mortero, que siempre llevaba noticias frescas. También concurría Pujitos, joven instruidísimo y de gran erudición, pues no dejaba de saber leer (aunque con pausa y cierto dejo No funciona. Vidal tira el libro y enciende la luz.
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Sigue pensativo, recordando otras noches parecidas. Y comprende que esta no es la peor, y ni siquiera una de las peores. Recuerda que una vez vio al mismo Diablo en forma de una vieja decrépita, y acabó arrodillándose, llorando y suplicando para que no le mostrara su verdadero rostro. Lo recuerda con viveza y el solo esbozo de la escena le retuerce los testículos en el cerebelo. Sudoroso y con la cabeza hecha un tormento, se lamenta una vez más por su afición al sadomasoquismo.
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Finalmente Vidal se asoma al balcón a respirar un poco de aire fresco. Con cada paso se va acercando de manera totalmente inconsciente a un momento mágico bien merecido. Mientras contempla el firmamento, una melodía a piano comienza a deslizarse suavemente entre la oscuridad hasta que golpea su tímpano: http://www.youtube.com/watch?v=f99mfQOldx0
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Vidal sonríe. No es una melodía triste, ni alegre, ni virtuosa, ni pegadiza, ni potente, ni inusual, ni melancólica, ni patética. Sólo es una melodía, de esas que parecen recordarte aquel tópico de que la vida es una sinfonía agridulce. Recuerda, sin saber por qué, aquel otro sueño en el que se da cuenta que está soñando justo en el momento final, pero que se trata de algo tan dulce que prefiere renegar de la realidad y disfrutar del desenlace, pero entonces el telón se cierra y los ojos se abren, y la ninfa desnuda comienza a mutar paulatinamente en almohada. Vidal sonríe y disfruta del momento. Para calmar a la bestia hace falta música, recuerda. Ya no tiene miedo.
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El que nunca comió su pan con dolor, / el que nunca pasó las horas de la medianoche / llorando y esperando a la mañana, / ése os desconoce, Potencias Celestiales.
Goethe

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