Allá por el año 1958 tuvo usted la ocurrencia de concebir a un lúcido hijo que se convertiría en alcalde de la capital de España.
.
Sepa usted que admiro sobremanera a su retoño. Tiene aspiraciones de altura, visión de lince, lengua de lagarto y todas esas cualidades necesarias para que un hombre pueda conseguir cualquier cosa que se proponga. Sabe moverse por las cloacas.
.
Resulta que el pasado 9 de Septiembre hice una breve pero intensa visita al vistoso barrio de Las Barranquillas, famoso por sus hospitalarios residentes y su amplio mercado de heroína. El motivo por el cual tuve que adentrarme en la cara oculta de Madrid era la vuelta ciclista que aconteció la semana anterior, que pasaba por mi barrio, por lo que la grúa se vio obligada a llevarse todos los coches debidamente aparcados en su zona residencial que estorbaran a nuestros jóvenes deportists. Ningún aviso, ninguna llamada. Cuando de repente tu coche no está donde lo has aparcado de manera legítima resulta muy preocupante. Gracias a Dios que para estos casos su hijo dispone para nuestro servicio a negros ilegales que vigilan el aparcamiento y nos aclaran la situación con más gestos que castellano. Pude saber en unos minutos que nadie había robado mi coche.
.
Al día siguiente, tras pedírselo a varios taxistas, finalmente uno accedió a escoltarme por aquel barrio donde se encuentra el depósito de vehículos; y tomo la palabra escoltar en su sentido más literal. Muchos taxistas se niegan a que los habitantes del barrio les tiren piedras o algo peor, y están en su derecho, pero yo sin embargo no tenía más opción que exponerme a esos animalillos que su vástago consiente.
.
Las Barranquillas es un mundo aparte. Es lo más parecido al reino de Mordor que he visto nunca. Las criaturas que allí viven caminan como sonámbulos, buscando entre la carroña el chute del día. No quiero ni pensar lo que me habría pasado si hubiera ido al depósito por la noche, como me recomendó la teleoperadora de Madrid Movilidad. El paisaje me hizo preguntarme en qué punto de Madrid acaba para Alberto su visión faraónica de la metrópoli y empieza la del cajón desastre, ese donde cabe toda la mierda y nunca se limpia.
.
Durante la hora de espera que caracteriza a toda oficina administrativa pude oir testimonios de varias personas que decían que les habían destrozado su coche y robado el reproductor de música, y no sabían si echar la culpa a los yonkis que podían haberse saltado aquella valla de no más de tres metros o a los vigilantes de la empresa de seguridad privada que tiene contratado el ayuntamiento. Estos tendrían una perfecta cabeza de turco en caso de querer hacerlo, pensé.
.
Finalmente pude sacar mi coche sin tener que pagar nada al no haber cometido ningún delito, salvo los 30 euros bien merecidos que se llevó mi taxista y protector. Jamás me había arrepentido tanto de haber votado a un político. Salí de ahí cagando leches.
.
Bien, ayer, 15 de Noviembre, me dispongo a coger el coche para ir a casa de un amigo, cuando este no está. La historia se repite. Estaba aparcado en mi zona residencial, donde el pago anual del permiso de estacionamiento me lo permite. Y de nuevo no había ningún tipo de señalización de prohibido, ni siquiera esas diminutas pegatinas que a veces los guardias de tráfico ponen en las farolas. Esta vez no necesité ir al mismo infierno a recoger mi coche, pues estaba en el depósito de Colón, pero la sonrisa se me borró de la cara en el momento en que me dijeron que tenía que pagar 270 pavazos. Mis navidades se van al carajo.
.
Realmente no todo está perdido. Quizá pueda recurrir la multa que me han puesto injustamente y me devuelvan el dinero. O quizá me toque la lotería.
.
Lamento sinceramente que se vea usted envuelta en los excesos de su pimpollo, pero la realidad nos enseña día a día cómo pagan justos por pecadores y me llena de tristeza comunicarle que no he tenido más remedio que cagarme repetidas veces en su sacra cabeza.
Madrid, Noviembre de 2008
El Comediante
PD: La próxima vez que vea a su hijo puede decirle que si algún día nos vemos las caras en esta pequeña ciudad de ratas no aceptaré sus sobornos.
Madrid, Noviembre de 2008
El Comediante
PD: La próxima vez que vea a su hijo puede decirle que si algún día nos vemos las caras en esta pequeña ciudad de ratas no aceptaré sus sobornos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario