Existen cambios malllamados "males", es decir, aquellos que traen algo bueno bajo su ruda corteza. El mundo está cambiando, y no porque lo diga la estrella de cine más cotizada del mundo.
El cambio es mucho más profundo de lo que pueda parecer. El sistema agoniza. Los tecnócratas cojean. Las estructuras se tambalean y acuden al médico a pedir explicación de su malestar. Curiosamente no han tenido en todos estos años ni un minuto para mirarse al espejo y darse cuenta de su vejez interna e irrevestible de cirujía estética, de sus maneras anticuadas, de sus agujeros cada vez más grandes, del sarro acumulado en cada hueco, de su podredumbre. Ahora les toca mirar resignados la cola de Urgencias, joderse y aguantarse.
O acaso no fueron ellos quienes la alimentaron ponzoñosamente, amamantándola, malcriándola y llenándola de caprichos y gilipolleces, hasta que de aquella sala sólo quedó el nombre.
El mundo que salga de la crisis no será el mismo que había antes de ella. Puede que sea incluso mejor: más pobre, menos superfluo, más esfuerzo, menos tontuna... como aquel bufón que fue a parar a Vietnam para darse cuenta de que el mundo es una mierda pero al menos él está vivo y no tiene miedo. Quizá todo esto no sea otra cosa que la perfecta Cura de humildad de una sociedad enferma. Quizá hasta salgamos Adelante.

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