Justicia
(Del lat. iustitĭa).
(Del lat. iustitĭa).
1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
5. f. Pena o castigo público.
7. f. Rel. Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.
12. m. desus. justicia mayor de Castilla.
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"La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo"
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"La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo"
Ulpiano, jurista romano.
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En resumidas cuentas, podemos concluir que la justicia como concepto se corresponde con la equidad o igualdad a la hora de dar a cada uno lo que le corresponde. De este modo logramos sobrevivir nosotros, pandilla de salvajes, en una sociedad a la que amamos y odiamos por igual. Damos un precio a todo lo que existe en el mundo, pero este no puede ser aleatorio sino que debe ser aquel que más se adecúa con la realidad: el precio justo. Las leyes de la vida consisten en recibir algo del mismo valor que lo que tú has dado. Nadie desearía para sí mismo dar cuatro manzanas y recibir a cambio el valor de tres manzanas, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intemcambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Queda constituida así la labor principal del Estado: el sendero infinito de ajustar sus normas a la justicia, puesto que ajustar es hacer de lo injusto algo justo, mientras que justificar es enmascarar a lo injusto como justo.
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En resumidas cuentas, podemos concluir que la justicia como concepto se corresponde con la equidad o igualdad a la hora de dar a cada uno lo que le corresponde. De este modo logramos sobrevivir nosotros, pandilla de salvajes, en una sociedad a la que amamos y odiamos por igual. Damos un precio a todo lo que existe en el mundo, pero este no puede ser aleatorio sino que debe ser aquel que más se adecúa con la realidad: el precio justo. Las leyes de la vida consisten en recibir algo del mismo valor que lo que tú has dado. Nadie desearía para sí mismo dar cuatro manzanas y recibir a cambio el valor de tres manzanas, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intemcambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Queda constituida así la labor principal del Estado: el sendero infinito de ajustar sus normas a la justicia, puesto que ajustar es hacer de lo injusto algo justo, mientras que justificar es enmascarar a lo injusto como justo.
Volviendo al ejemplo anterior (por analogía), nadie desearía para sí mismo entregar su vida y recibir a cambio el valor de la décima parte de otra vida, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intercambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Y dado que el pilar de la existencia del Estado es la libertad de los individuos que lo componen y que esta libertad reside en la propia vida de cada uno de ellos, el Estado debe garantizar, por encima de cualquier otra cosa, el derecho a la vida de estos. Y si ese derecho fundamental es quebrantado, lo justo sería que el infractor de la norma fuera correspondido con la misma moneda. Y privarle al infractor del resto de su vida en libertad no significa quebrantar su derecho a la vida, puesto que tal derecho ya no le pertenece al haberle intercambiado libremente con su acto, cobrándose la vida de otro en su propio beneficio; intercambio que, ciertamente, no fue consentido por ambas partes.
Asistimos entonces a la espectacular involución de la justicia a lo largo de su historia. El Estado de hoy copia esa actitud tan típica del individuo contemporáneo de enmascarar la realidad con una bonita carcasa, de revestir todo lo que decimos de una corrección que no solo es innecesaria sino que transforma y denigra su propia esencia. Toda idea pura concebida en nuestra mente debe ponerse el frac al salir a la calle, no vaya a ser que enferme a causa de un entorno hostil.
Los justicieros enmascarados de antaño se retiran del oficio, no porque ya no sirvan para ello, sino porque el Estado les ha robado su función: ahora todo él es una gigantesca máscara hermosa con la que cubre sus verdaras acciones. Así, mientras que aquellos justicieros buscaban ajustar la realidad, el Estado intenta justificarla. Y la injusticia, mientras tanto, sigue ahí...
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"En un mundo injusto el que clama por la justicia es tomado por loco"
León Felipe, poeta español de la Generación del 27
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"No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia"
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"No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia"
Montesquieu, filósofo asesinado en 1985 por Alfonso Guerra

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