domingo, 13 de diciembre de 2009

Gajes del oficio


La mueca que luce es preciosa. Parece la de un niño pijo superado por las circunstancias. Los tipos como él deben de pensar en esos momentos en su honor mancillado antes que en cualquier otra cosa. Si ya es sano, para la humildad de cualquier hombre, sentirse de vez en cuando como una hormiga pisoteada, mucho más lo es para aquellos que se creen intocables y se dedican día a día a ser ellos los que pisotean. Ya lo dice Pérez-Reverte, lo malo de la gente como Berlusconi es que siempre tienen el culo cubierto. No serán ellos los que paguen por sus fechorías. Por eso nos encanta ver a William Hamleigh mearse en los pantalones mientras camina hacia la horca después de más de mil páginas dando por culo.

El señor que le agredió será fustigado por la prensa, enviado directamente a prisión o a un manicomio. La gente se echará las manos a la cabeza ante tal aberración, y cerrarán, como siempre, los ojos. Los medios le tildarán de perturbado y su pequeña historia de «más vale ser rey por un día que idiota toda una vida» será sepultada bajo toneladas de hechos noticiosos tan pronto como salga el sol y los resultados de la jornada deportiva de turno. El Duce volverá a salir en la tele con su sonrisa de guiñol y su discurso bien preparado, mostrando de nuevo esa fortaleza que suele aparentar bajo situaciones que sí controla. Será él quien gane, como siempre, la batalla. Pero esta vez le ha sangrado la nariz, y su sangre era tan roja como la nuestra.

2 comentarios:

TRAVIS dijo...

LaStIMA q eN esTa hIsToRiA No SE pUedA dIsTiNgUIr QuIeN eS eL cOrLeOnE o El FaNNuCCI. ESoS TiEmPOs Si QuE eRaN dESeSpERaDos hAHahHAHahA!

Singularidad Cósmica dijo...

Jerjes, el rey de reyes, sangra.