martes, 23 de junio de 2009

Hoja suelta #2

Vidal levita misteriosamente por encima de su casa. Es de noche, y cada vez está ascendiendo más y con mayor rapidez, dando círculos infernales sin rumbo fijo, de manera totalmente descontrolada. Entonces el pánico le embriaga de los pies a la cabeza, y comienza a gritar con todas sus fuerzas, intentando pedir auxilio, pero de su voz no se desprende más que un leve susurro...
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Se despierta sobresaltado entre las sábanas húmedas de una noche de Verano. Tiene miedo. Oye ruidos misteriosos y en medio de la oscuridad cree identificar sombras amenazantes. Y suda como un negro. Tiene mucho miedo. Se queda petrificado por varios minutos, como si hubiera vuelto a ser un niño, temeroso de percibir una forma horrenda detrás de cada estímulo.
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Sabe que esos sueños volverán a acecharle una y otra vez hasta que salga el sol, por lo que comienza a pensar qué hacer para pasar la noche. Hoy le toca. Aún con la congoja, coge los dos o tres libros que más cerca tiene, todos ellos calados en la misma página desde hace eones. Intenta evadirse un poco...
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Mas en aquella casa y en las que antes he mencionado no se consagraba todo el tiempo a los reyes, sotas y demás real familia, pues siguiendo la general corriente de los tiempos, se hablaba mucho de política. Iba a ellas con frecuencia, y durante sus días de vagar, el tío Mano de Mortero, que siempre llevaba noticias frescas. También concurría Pujitos, joven instruidísimo y de gran erudición, pues no dejaba de saber leer (aunque con pausa y cierto dejo No funciona. Vidal tira el libro y enciende la luz.
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Sigue pensativo, recordando otras noches parecidas. Y comprende que esta no es la peor, y ni siquiera una de las peores. Recuerda que una vez vio al mismo Diablo en forma de una vieja decrépita, y acabó arrodillándose, llorando y suplicando para que no le mostrara su verdadero rostro. Lo recuerda con viveza y el solo esbozo de la escena le retuerce los testículos en el cerebelo. Sudoroso y con la cabeza hecha un tormento, se lamenta una vez más por su afición al sadomasoquismo.
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Finalmente Vidal se asoma al balcón a respirar un poco de aire fresco. Con cada paso se va acercando de manera totalmente inconsciente a un momento mágico bien merecido. Mientras contempla el firmamento, una melodía a piano comienza a deslizarse suavemente entre la oscuridad hasta que golpea su tímpano: http://www.youtube.com/watch?v=f99mfQOldx0
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Vidal sonríe. No es una melodía triste, ni alegre, ni virtuosa, ni pegadiza, ni potente, ni inusual, ni melancólica, ni patética. Sólo es una melodía, de esas que parecen recordarte aquel tópico de que la vida es una sinfonía agridulce. Recuerda, sin saber por qué, aquel otro sueño en el que se da cuenta que está soñando justo en el momento final, pero que se trata de algo tan dulce que prefiere renegar de la realidad y disfrutar del desenlace, pero entonces el telón se cierra y los ojos se abren, y la ninfa desnuda comienza a mutar paulatinamente en almohada. Vidal sonríe y disfruta del momento. Para calmar a la bestia hace falta música, recuerda. Ya no tiene miedo.
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El que nunca comió su pan con dolor, / el que nunca pasó las horas de la medianoche / llorando y esperando a la mañana, / ése os desconoce, Potencias Celestiales.
Goethe

martes, 28 de abril de 2009

Homo Analfabetus

Siglo XXI. Democracia. Racionalismo. Libertad de expresión. Sociedad de la información. El conocimiento se transmite y duplica segundo a segundo de manera exponencial... ¡La de utopías que habrá fumigado nuestra preciosa época! Si Platón levantara la cabeza lo primero que haría es hacerse una cuenta en twitter.
Y sin embargo, la gente sigue confundiendo el todo con la parte, la cantidad con la calidad, a con b.. Hoy en día la gente se conforma con respuestas sencillas para preguntas complejas: hay quien nace con estrella y quien nace estrellado, la vida es una caja de bombones y nunca sabes cuál te va a tocar, cuando deseas algo el universo entero conspira para que se haga realidad... A día de hoy la filosofía no es otra cosa que el arte de decir en el momento oportuno una frase curiosa, de esas que incluyen un precioso juego de palabras y encierran una bellísima contradicción, porque, amigo, ¡la vida es una contradicción!
Este es el verdadero fracaso de nuestra civilización. Ciudadanos y ciudadanas, no hagan caso de la televisión. Dejen de temer por la debacle económica, los terremotos, la yihad islámica o la gripe porcina. Si tienen algún motivo para ahogar a sus hijos mientras duermen, estirilizar a sus congéneres, y acudir a la iglesia en busca de la piedad divina, es la invasión de esta nueva especie analfabeta.
El enemigo se camufla bien entre ustedes, utiliza los mismos canales de información que sus antepasados desarrollaron a base de tantos sacrificios, por el mero ensueño de buscar aquello de "un mundo mejor en el que morir"; y satura las autovías con su estupidez, su vocabulario pordiosero y sus costumbres bárbaras. Tengan cuidado de las compañías que frecuentan sus hijos, estremézcanse ante cualquier síntoma, el piercing que consiente hoy puede ser una tez de orco mañana...
La libertad de expresión está muy bien, pero debe estar arbitrada por la verdad, el raciocinio y el buen gusto. Deberíamos de estar de acuerdo en que el mundo más libre no es aquel en el que puedes cagar en cualquier parte.
Si Platón levantara la cabeza, contemplaría patético que sus enseñanzas han quedado sepultadas por charlatanes pseudofilósofos, artistuchos drogadictos y sofistas a mala leche.
Platón se daría la vuelta cabizbajo, rumbo de nuevo a la caverna de la que, al parecer, nunca debió salir. Leónidas no. Leónidas miraría con desprecio a estos infraseres y gritaría:
¡No les deis nada! ¡Quitádselo todo!

martes, 21 de abril de 2009

Bombay se había convertido en Mumbai…

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Danny Boyle, padre de películas de lo más dispares tanto en forma como en fondo, firma el film. En su haber tiene desde maravillas como Millions hasta fiascos como Sunshine; siempre tan irregular, pero siempre tan interesante. Y es que en toda su variopinta filmografía encontramos una chispa de algo no muy frecuente en el panorama cinematográfico actual: la firme voluntad de ensayar, de experimentar y de innovar con el lenguaje audiovisual, de demostrar que no está todo descubierto y que se pueden hacer cosas nuevas. Será el triunfo o fracaso de estos experimentos con los que adorna sus películas lo que condicione que cada una de ellas tenga su hueco en el Olimpo o en el Averno del cine, respectivamente.

El cineasta británico se traslada esta vez a la India para contarnos una estupenda historia que mezcla fantasía y realidad como sólo él sabe hacerlo. El argumento, basado en la novela de Vikas Swarup, narra cómo el joven Jamal logra acertar todas las preguntas de un famoso concurso de televisión y se convierte en millonario de la noche a la mañana. Pero lo verdaderamente interesante de esta historia, aparentemente sencilla, es lo que queda lejos de las cámaras del show: el conjunto de vivencias que desde muy pequeño han ido moldeando su personalidad y los numerosos obstáculos que el chico, huérfano y sin recursos, ha tenido que ir superando para poder sentarse frente a frente con un presentador hosco y apostarlo todo hasta el final para salir de pobre al estilo americano.

La relación de Jamal con su hermano Salim y su amada Latika conforman el motor de la historia, conduciéndolos a lo largo de su juventud por la miseria de un Bombay arrasado por la guerra y las crueldades de sus habitantes implícitas a tal situación, tornándose hacia la picaresca en las zonas turísticas del país y desembocando en un ambiente de bandas y pistolas que fuerza su separación. Tal recorrido irá construyendo el personal acercamiento de Boyle a la India, no exento de alguna que otra reflexión acerca de los problemas del país, como el apego a la religión, que les lleva a destruirse unos a otros, o la difícil convivencia de rasgos occidentales en una cultura oriental.

Todo ello constituye un lienzo que queda a medio camino entre el realismo severo con el que se recrean los suburbios de Bombay y el ilusionismo de ciertas escenas, concretamente las referentes al romance de los protagonistas, acompañados de una música que te eleva de sucias calles hacia climas oníricos en un par de segundos. El conjunto resulta una visión de la India básicamente impresionista. No podemos olvidarnos del marco que encuadra toda la pieza: el programa de televisión, un escaparate fantástico de luces y tinieblas que muestra más que nunca la espectacularización de la televisión, un medio definido muchas veces como el espejo de la realidad y que en esta película se presenta como todo lo contrario, como una «forma de escapar», en palabras de Latika.

Jamal, perteneciente a las clases más bajas del país, logrará en televisión lo que ningún experto había conseguido: llevarse el máximo premio. El chico queda ya perfectamente definido en la escena en la que de niño salta por un cobertizo de excrementos para conseguir el autógrafo de un actor famoso. No duda en ensuciarse de arriba abajo para poder tocar tan sólo por unos segundos ese sueño que el cine siempre le ha vendido, mostrándonos que cuando se plantea un objetivo, no parará hasta conseguirlo, sin importar qué o quién se interponga en su camino.

La historia no oculta en ningún momento su tono de cuento de hadas, por lo que no se puede achacar al guión que peque de poco realismo en lo referente a cómo el joven logra su objetivo y se convierte en millonario, en una secuencia que, de manera parecida al principio de la película, se intercala con la muerte de su hermano, bañado en billetes. Esta escena sí que resulta algo más forzada, al no entenderse del todo por qué Salim ayuda a Latika a escapar y acaba asesinando a su jefe, cuando su actitud durante el resto de película había sido la contraria; pero sirve para contraponer de manera muy clara los destinos distintos que han elegido los dos hermanos, arquetipos del bien y del mal en su sentido más clásico, recordándonos a las historias sobre fortuna y desdicha de aquellas hermanas huérfanas escritas por el marqués de Sade.

Como decíamos, es esta mezcla explosiva de fantasía y realidad lo que hace de Slumdog Millionaire un film verdaderamente interesante. Resulta crucial la buena mano de su director, que ya se había mostrado experto en recrear alucinaciones en películas como La playa o Trainspotting. El cineasta conduce con genialidad a los espectadores por estas ideas tan enfrentadas dejando ver en todo momento una excelente técnica. La dirección, el sonido y el montaje se funden de manera perfecta en cada escena, logrando que ninguno de estos ingredientes destaque sobre otro con el objetivo de que lo que el espectador perciba sea un conjunto armonioso, y en definitiva, una idea abstracta, algo que sólo los grandes maestros saben hacer con un aparato cuya función principal es, aparentemente, captar la realidad.

El ordenamiento de planos cercanos y amarillentos con un sonido ambiente que tan pronto está en un segundo plano como pega grandes subidas en los momentos tensos logra que los barrios indios por los que se mueven los personajes resultan verdaderamente asfixiantes, y a su vez contrasta hasta el extremo con la azulada temperatura del programa de televisión, con los grandes angulares, con los picados de las secuencias más oníricas, y con el sometimiento de estos elementos bajo el primer plano de una música artificiosa, por otra parte brillantemente elegida.
El montaje, del mismo modo, logra introducirnos en ese mundo de sueños sin ni siquiera darnos cuenta, logrando un ritmo muy bien llevado y sin altibajos, que te sumerge de lleno en la historia y conforme los conflictos que Jamal ha de superar se van haciendo más grandes y las preguntas más arriesgadas, la empatía con el protagonista crece, consiguiendo ser partícipe de sus emociones y viviendo estas últimas preguntas con gran intensidad.

El cóctel se aventura ya al principio de la película, con una atípica superposición de secuencias con Jamal presentándose en el programa mientras el público le aplaude, y en la comisaría mientras un policía le abofetea y tortura; y tendrá su colofón tras el happy ending, cuando se da paso a los créditos. Entonces, como si de una película de Bollywood se tratara, los personajes de la historia bailan sobre la estación de trenes, centro neurálgico del ambiente urbano que antes se había retratado de manera muy distinta, recordándonos a todos que lo que acabamos de ver es una película, y como tal, fantástica: estaba escrito.

Valoración: 8.5/10

miércoles, 25 de marzo de 2009

Viva España. Fuera el Rey

Su existencia choca de frente con los principios de igualdad. Su hipocresía convierte en farsa todo aquello que se pronuncia en su nombre. Su reconocimiento legitima a la legión de borrachos indeseables que le anteceden. Su apellido rememora la usurpación francesa. Su oficio es incompatible con la definición de oficio. Sus ademanes sirven de perfecto gag para consumidores de telebasura. Sus silencios otorgan un cheque en blanco a los narcotraficantes que nos gobiernan. Sus lechones comparten madriguera con putas y cocainómanos. Sus orgías salen de nuestro sudor. Su inutilidad manifiesta nos putea. Su cargo es el signo más claro de nuestra incapacidad para evolucionar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

La injusticia enmascarada

Justicia
(Del lat. iustitĭa).
1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.
4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.
5. f. Pena o castigo público.
6. f. Poder judicial
7. f. Rel. Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.
8. f. desus. Ministro o tribunal que ejerce justicia.
9. f. coloq. desus. Castigo de muerte. En este mes ha habido dos justicias.
10. f. ant. alguacil (‖ oficial inferior de justicia).
11. m. justicia mayor de Aragón.
12. m. desus. justicia mayor de Castilla.
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"La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo"
Ulpiano, jurista romano.
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En resumidas cuentas, podemos concluir que la justicia como concepto se corresponde con la equidad o igualdad a la hora de dar a cada uno lo que le corresponde. De este modo logramos sobrevivir nosotros, pandilla de salvajes, en una sociedad a la que amamos y odiamos por igual. Damos un precio a todo lo que existe en el mundo, pero este no puede ser aleatorio sino que debe ser aquel que más se adecúa con la realidad: el precio justo. Las leyes de la vida consisten en recibir algo del mismo valor que lo que tú has dado. Nadie desearía para sí mismo dar cuatro manzanas y recibir a cambio el valor de tres manzanas, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intemcambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Queda constituida así la labor principal del Estado: el sendero infinito de ajustar sus normas a la justicia, puesto que ajustar es hacer de lo injusto algo justo, mientras que justificar es enmascarar a lo injusto como justo.

Volviendo al ejemplo anterior (por analogía), nadie desearía para sí mismo entregar su vida y recibir a cambio el valor de la décima parte de otra vida, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intercambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Y dado que el pilar de la existencia del Estado es la libertad de los individuos que lo componen y que esta libertad reside en la propia vida de cada uno de ellos, el Estado debe garantizar, por encima de cualquier otra cosa, el derecho a la vida de estos. Y si ese derecho fundamental es quebrantado, lo justo sería que el infractor de la norma fuera correspondido con la misma moneda. Y privarle al infractor del resto de su vida en libertad no significa quebrantar su derecho a la vida, puesto que tal derecho ya no le pertenece al haberle intercambiado libremente con su acto, cobrándose la vida de otro en su propio beneficio; intercambio que, ciertamente, no fue consentido por ambas partes.

Asistimos entonces a la espectacular involución de la justicia a lo largo de su historia. El Estado de hoy copia esa actitud tan típica del individuo contemporáneo de enmascarar la realidad con una bonita carcasa, de revestir todo lo que decimos de una corrección que no solo es innecesaria sino que transforma y denigra su propia esencia. Toda idea pura concebida en nuestra mente debe ponerse el frac al salir a la calle, no vaya a ser que enferme a causa de un entorno hostil.

Los justicieros enmascarados de antaño se retiran del oficio, no porque ya no sirvan para ello, sino porque el Estado les ha robado su función: ahora todo él es una gigantesca máscara hermosa con la que cubre sus verdaras acciones. Así, mientras que aquellos justicieros buscaban ajustar la realidad, el Estado intenta justificarla. Y la injusticia, mientras tanto, sigue ahí...
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"En un mundo injusto el que clama por la justicia es tomado por loco"
León Felipe, poeta español de la Generación del 27
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"No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia"
Montesquieu, filósofo asesinado en 1985 por Alfonso Guerra

miércoles, 11 de febrero de 2009

ADELANTE hacia el Nuevo Mundo

Existen cambios malllamados "males", es decir, aquellos que traen algo bueno bajo su ruda corteza. El mundo está cambiando, y no porque lo diga la estrella de cine más cotizada del mundo.

El cambio es mucho más profundo de lo que pueda parecer. El sistema agoniza. Los tecnócratas cojean. Las estructuras se tambalean y acuden al médico a pedir explicación de su malestar. Curiosamente no han tenido en todos estos años ni un minuto para mirarse al espejo y darse cuenta de su vejez interna e irrevestible de cirujía estética, de sus maneras anticuadas, de sus agujeros cada vez más grandes, del sarro acumulado en cada hueco, de su podredumbre. Ahora les toca mirar resignados la cola de Urgencias, joderse y aguantarse.

O acaso no fueron ellos quienes la alimentaron ponzoñosamente, amamantándola, malcriándola y llenándola de caprichos y gilipolleces, hasta que de aquella sala sólo quedó el nombre.

El mundo que salga de la crisis no será el mismo que había antes de ella. Puede que sea incluso mejor: más pobre, menos superfluo, más esfuerzo, menos tontuna... como aquel bufón que fue a parar a Vietnam para darse cuenta de que el mundo es una mierda pero al menos él está vivo y no tiene miedo. Quizá todo esto no sea otra cosa que la perfecta Cura de humildad de una sociedad enferma. Quizá hasta salgamos Adelante.

lunes, 2 de febrero de 2009

Cine y fundamentalismo

Dijo Jordi Dauder al recoger su Goya este domingo que había que luchar contra el fundamentalismo que aún seguía habiendo en nuestro país. Sí, señor. Qué bien metido el dedo en la yaga. Supongo que se referiría a ese fundamentalismo de una parte de la sociedad española que cree tener una moral superior a la del resto. Ese que intenta iluminarnos a todos con su suma bondad. Ese que al final resulta ser tan dogmático o más que aquello que denuncia, y del que la película en la que el actor participa no se libra ni por un segundo.

Porque la película de Fesser peca por encima de todo de fundamentalismo. Si bien tiene un planteamiento interesante, un gran comienzo, una primera media hora llena de emociones que te hacen pensar que estás viendo algo verdaderamente especial, con el transcurso del metraje el contenido crítico del film, en un principio sutil, acaba desbordándose. Se repiten continuamente los mismos tópicos sobre las historias de la cripta del Opus Dei, la hermana abducida por los extraterrestres, la madre que se alegra de la enfermedad de sus hijos... tópicos todos ellos que le hacen un flaco favor a la verdad y que con sus abusos y excesos van cocinando poco a poco el pastel que nos vamos a tragar.

Para cuando llevan ya más de media película redundando sobre la misma idea, la empatía con la niña moribunda se ha diluido en la papilla, cuando la veía sufrir esa muerte tan larga y dolorosa sólo podía mirar la hora en el reloj, cuando vi cómo el padre se escoñaba con un camión al ritmo de Russian Red se me escapó una pequeña y piadosa carcajada, de esas que me hacen sentir que estoy jodidamente alejado de la sensibilidad del resto del planeta, y de las que nunca sé si alegrarme o no.

El error de la película es el mismo que el de todas las de su calaña: intentar plasmar una realidad que su autor no conoce, y que será aplaudido unánimemente por sectores de la sociedad que tampoco lo conocen. Puro cine automasturbatorio.

martes, 27 de enero de 2009

El beso del sapo

Cuentan que una vez un príncipe déspota y mentiroso gonernaba nuestro reino más tumbado que de pie. Corrían malas temporadas para los cultivos y el pueblo empezaba a pasar hambre. Mientras tanto, en palacio las juergas eran cada vez más sangrantes, se derrochaba oro por doquier, la gestión de recursos brillaba por su ausencia, la orgía no parecía tener fin.

Con el paso del tiempo el pueblo empezó a recibir noticias de tales excesos, por lo que empezó a amenazar con alzarse en armas contra sus gobernantes si no les daban una explicación convincente. La camarilla avisó de esto al príncipe, y tras largas discusiones, dispusieron que lo mejor sería que el príncipe bajara al campo a contactar de manera directa con sus súbditos para calmar los ánimos e infundir respeto de nuevo.

El panorama fue desolador. El príncipe pudo comprobar con sus propios ojos cómo la gente intentaba sobrevivir de mala manera en la miseria más absoluta. Ya en la plaza del pueblo, la multitud le rodeó impidiéndole toda escapatoria. Se mostraron verdaderamente agresivos, cada uno por separado le gritaba sus problemas particulares, señalándole todos como el culpable de sus desgracias. Muchos de ellos no tenían trabajo para sustentar a su familia y sobrevivir el duro invierno, otros padecían subalimentación aguda, incluso había algunos con peste. Los más radicales llegaron a alzar sus azadones desafiando a la autoridad, pero sus herramientas blandurrias no podrían hacer nada contra la flamante hoja viperina del soberano, que por cierto era gran espadachín.

Cuando la escena llegaba a su momento más tenso, de repente apareció entre el gentío un pequeño sapo. El animal se acercó al príncipe y se arrodilló ante él. Después le habló con gran respeto sobre su triste condición y le preguntó si él podría hacer algo para ayudarle. La gente se calmó al escuchar su historia, y en seguida se mostraron compasivos. Observando la situación con gran astucia, el príncipe le tomó la mano al sapo y le besó con gran ternura. Acto seguido y como si de magia se tratara, el sapo se convirtió en una hermosa princesa. El pueblo no podía dar crédito a lo que acababa de ver, y estalló en vítores conmocionado, alabando con desmesura la actuación real. Por unos momentos se olvidaron de sus problemas, encargaron perdices para cenar y fueron felices hasta el día siguiente.

El mito está más vivo que nunca.
Las bellas princesas de tierras lejanas sabían lo que se hacían.
Maquiavelo da palmas con las orejas.




lunes, 19 de enero de 2009

La era de los magos

Los tiempos están cambiando de manera vertiginosa. Las cosas dejan de funcionar, el capital se mutila a sí mismo, el sistema comienza a sentir síntomas de su enfermedad, ahora, justo ahora, cuando quizá ya es demasiado tarde para ir al médico. Y es en medio de estas tormentas cuando se vislumbran nuevos horizontes. Los héroes de antaño se dan cuenta de su fracaso y vuelven la espalda a un mundo cada vez más oscuro que no han podido solucionar, emprendiendo su camino hacia casa con el único deseo de que esté la comida caliente para cuando lleguen. Soldados, arquitectos, ingenieros y exploradores, a veces conversan en la partida del domingo sobre lo que pudo ser y no fue, y por las noches rezan para que las nuevas generaciones sepan hacerlo mejor, dando paso, cual alfareros, a una nueva era: la era de los magos.

En algún recóndito rincón de alguna desconocida sala de algún alto edificio de nuestro planeta debe estar gestándose este nuevo tipo de casta. Son hombres cruzados con microchips, genéticamente mejorados con código binario, sus sentidos no tienen fronteras... Parecen superhombres, mal mirados. Genios de la estadística, solucionarán todos nuestros problemas con una buena gama de conjuros, pues su arte es el don de la palabra. Ya falta poco. Dentro de un día tomarán posesión de su cargo. Entonces podremos ver sobre nosotros al nuevo líder, que alzando su báculo, como buen mago negro, gritará a las masas: "Ojos que no ven, corazón que no siente. BLISS ya a la venta". Y el populacho le aclamará, aplaudiendo, cantando y bailando hasta caer extasiados, mientras a lo lejos, muy a lo lejos, unos pocos siguen su partida, rememorando pasadas batallas, lamentándose por no haber sabido qué fue lo que falló, por no haber sido suficientemente listos, porque las BLISS están agotadas, porque ven los hilos...

lunes, 15 de diciembre de 2008

Góndor y su fauna autóctona




Jinetes de Rohan tienen asoladas nuestras tierras desde hace mucho tiempo. Animales salvajes que mean con desprecio en su propio territorio. Antaño fueron hombres, pero una vez despojados de sus cadenas comenzaron a campar a sus anchas como si de una ciudad sin ley se tratara, sin dudar en amenazar a sus vecinos enseñando los dientes cuando alguien levanta la voz. Creyendo cada vez con mayor certeza que la calle es suya acabaron convirtiendo todo lo que les rodea en una olla a presión sobre la que han instaurado a base de hostias un silencio que les legitima. Gusanos tan asquerosos que nadie se atreve a pisar. Asnos incapaces de una conversación. Licántropos babeantes que berrean a la luna con sonidos guturales creyéndose aún personas. Perros sarnosos que muerden, apuntillan, envenenan y resquebrajan tira a tira la piel de una nación que no tiene oxígeno para devolverles el golpe, que ni siquiera tiene aliento para emitir quejidos, que ni siquiera tiene pulso para padecerlos. Como auténticos cerdos a los que les llega cierta brisa de putrefacción, y sin saber que el olor viene de ellos mismos, intentan enterrar antes de tiempo un pseudocadáver que aún respira de vez en cuando. Y ladran, ladran, ladran, ladran...


"Ladran, Sancho, luego cabalgamos"



El Comediante