lunes, 28 de diciembre de 2009

Para mear y no echar gota

EL PERSONAJE DE MR.T, SAQUEADO Y ASESINADO EN WORLD OF WARCRAFT
Fuente:http://www.meristation.com/v3/des_noticia.php?id=cw4b33b2c1727ef&pic=GEN

Donnie flipa en colores. Dicen que las fronteras entre realidad y ficción a veces son difusas. Nulas, diría yo, según qué casos. No hay más que leer de qué manera es tratado el trágico acontecimiento: "Parece que el respeto a las viejas glorias se está perdiendo hasta en World of Warcraft. Según informa el popular actor Lawrence Tureaud, un grupo de 5 personajes aún no identificados, le tendieron una emboscada sobre su alter ego en el popular juego de rol online de Blizzard. Sin mediar ningún intercambio de palabras, BadAttitude, nombre que utiliza Mr. T en el MMORPG, fue paralizado y posteriormente golpeado repetidamente hasta que su personaje perdió todos sus puntos de vida". Qué signo más claro puede haber del oscuro devenir de los tiempos y de la progresiva pérdida de valores.
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Al parecer fue todo cuestión de pasta. La víctima poseía unas "famosas granadas mohicanas, que alcanzarían precios astronómicos en el mercado negro". Aaamigo. Haber empezado por ahí. En un mundo donde la gente pagaría varios cientos de euros de verdad por cualquier espada legendaria de moda, es de locos mostrar incredulidad y desconcierto cuando cuatro picarones hacen lo que llevan haciendo por los siglos de los siglos: pecar por dinero.
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No faltan los politófagos de turno. "Los moderadores han expresado su más profunda desaprobación ante tal hecho, y se trabaja en la revisión de los registros del juego para poner nombre a los usuarios causantes de este acto". Quién sabe si actúan movidos por agarrar un puñado de sucios votos, por la noble pretensión de tranquilizar las turbias aguas de la opinión pública o quizá por auténtico miedo ante la posibilidad de que el pacto entre elfos, humanos, enanos y demás pueblos se rompa y el terror vuelva a imperar de nuevo.
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La víctima ya ha expresado su profundo malestar: "Alega que 'es incomprensible que este tipo de actos puedan suceder en la sociedad en la que vivimos.', que 'le dan pena esos bobos que no son capaces de distinguir entre un juego y la realidad.' y que 'si algo aprendimos de El Equipo A es que los problemas pueden solucionarse sin tener que matar a nadie". Como dice el esperpento, me quito el cráneo.
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El pueblo no puede quedarse cruzado de brazos. Los agresores deben morder el polvo. Según la fuente, "Últimos informes aseguran que se han formado partidas de voluntarios para dar caza a los responsables de esta transgresión", siguiendo la estela del Clint Eastwood de Sin Perdón, azote de maleantes, decidido a hacer justicia en esta sociedad embrutecida. "Varios testigos afirman que el grupo estaba formado por dos Blood Elf (un pícaro y un Death Knight), un Troll (guerrero), un Undead (mago) y, lo más sorprendente aún, un Tauren Paladin".
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Los más pesimistas han empezado a elaborar sesudas teorías: "Algunos expertos se atreven a presagiar que nos encontramos ante un grupo organizado que actúa a escala mundial, probablemente para adquirir fama entre la comunidad de usuarios de este título mediante estas agresiones premeditadas". Parece que Obama tiene trabajo por delante.
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A la espera de que se monten plataformas que reivindiquen un Código Penal que acabe con toda esta anarquía, alguien debería explicarle a estos chavales que todo aquello No es real.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Gajes del oficio


La mueca que luce es preciosa. Parece la de un niño pijo superado por las circunstancias. Los tipos como él deben de pensar en esos momentos en su honor mancillado antes que en cualquier otra cosa. Si ya es sano, para la humildad de cualquier hombre, sentirse de vez en cuando como una hormiga pisoteada, mucho más lo es para aquellos que se creen intocables y se dedican día a día a ser ellos los que pisotean. Ya lo dice Pérez-Reverte, lo malo de la gente como Berlusconi es que siempre tienen el culo cubierto. No serán ellos los que paguen por sus fechorías. Por eso nos encanta ver a William Hamleigh mearse en los pantalones mientras camina hacia la horca después de más de mil páginas dando por culo.

El señor que le agredió será fustigado por la prensa, enviado directamente a prisión o a un manicomio. La gente se echará las manos a la cabeza ante tal aberración, y cerrarán, como siempre, los ojos. Los medios le tildarán de perturbado y su pequeña historia de «más vale ser rey por un día que idiota toda una vida» será sepultada bajo toneladas de hechos noticiosos tan pronto como salga el sol y los resultados de la jornada deportiva de turno. El Duce volverá a salir en la tele con su sonrisa de guiñol y su discurso bien preparado, mostrando de nuevo esa fortaleza que suele aparentar bajo situaciones que sí controla. Será él quien gane, como siempre, la batalla. Pero esta vez le ha sangrado la nariz, y su sangre era tan roja como la nuestra.

La fiesta de las máscaras

Con paso temeroso, el individuo se acerca vacilante al lugar de la celebración. «Prohibida la entrada sin disfraz» reza la invitación que recibió unos días atrás. Él no tiene nada claro que una careta pueda suplantar su verdadero rostro. Pero un día es un día, y todos sus amigos van a ir. Antes de llamar al timbre, se embuta la vestidura pertinente y respira hondo frente al portalón, que hoy más que nunca parece una pequeña antesala al circo de los horrores. No se le dan bien estas cosas. La máscara de payaso le impide observar bien la situación.


En el ambiente se respira una mezcla de alegre intrascendencia con fanta naranja servida en vasos de tubo de plástico. La coca, como siempre, sin cola. El individuo divaga por la estancia arrastrando su aspecto tragicómico en busca de sus compis. Qué felices parecen los ciudadanos de la perpetua carnavalada. Cuán ávidamente parlotean sobre todo aquello que la banalidad en su máxima expresión puede abarcar. Cowboys de medianoche, jokers de cartón, transexuales por un día, putas que van de monjas y monjas que van de putas… todos ellos ríen al unísono. El hombrecillo saluda a algunos conocidos con desgana bien escondida, intentando no mezclarse demasiado con la turba de engreídos, como si manoteara contra moscones imaginarios, luchando para que su mediocridad manifiesta no consiga envenenarle a él.


Todos los invitados ostentan amigablemente sus disfraces, luciendo orgullosos los lustrosos garabatos que ocultan una personalidad desfigurada. No hay realidad, sólo máscaras. En uno de los corros se observan verdaderas peleas por ver quién hace la broma más burda, el comentario más soez o la anécdota más desternillante, siempre cada uno desde su papel. El alcohol ejerce de sabio árbitro desde el centro de la mesa. Es el gran elemento conciliador. Perfecto anfitrión que te abre las puertas del Averno.


No lejos de ahí, varios estafadores concurren al prestigioso certamen de Defraudador de Hacienda del año. El ganador será convidado con un buen achuchón de la arpía con más caché del lugar. Entre cubatas, chistes, bravuconadas y contratos sociales a la inglesa, todos ellos rinden culto a la reina de la noche, la supremacía de las cosas vulgares disfrazada de fina seda del color más de moda, que no duda en saludar besuconamente y, entre tanta reverencia, incluso hacerse fotografías con los partícipes de ese zafarrancho de la animalidad generalizada. En el lavabo las mujeres se apelotonan para pintarrajearse la cara, no vaya a ser que alguien las identifique. Como grandes maestras de los disfraces, ellas también tienen su propio certamen, donde los premios se miden en centímetros y el caviar es viscoso pero sabroso.


Como el individuo se retrasa, las malas lenguas empiezan a soltarse, cundiendo entre el grupo de amigos estrafalarias explicaciones a la omisión de la cita. No le gustan este tipo de fiestas, siempre fue un poco raro. Pero lo peor de todo es que no hablan del amigo ausente como si de alguien querido se tratara. No lamentan su falta, sino que les divierte su apatía. Desgranan uno a uno sus numerosos talones de Aquiles, pero lentamente, como quien degusta un buen vino con deleite. Entre risas, comentan las raras costumbres de ese extraño caso de individuo. Ni siquiera lo hacen para intentar ayudarle, sino por pura recreación, como si todos esos errores que el esperpento ostenta fueran un signo claro de la valía de ellos mismos. Como si su escarnio fuera reflejo de la salvación de todos.


Qué felices. Qué caras más tristes.


Cuando salga el sol y los invitados vuelvan a sus respectivos hogares, se mirarán al espejo e intentarán quitarse el maquillaje, pero entonces se darán cuenta de que detrás de ese potingue multicolor no hay nada más que un lienzo en blanco, comprendiendo con tristeza que la careta les ha devorado para siempre su verdadero rostro.





Se hallan todos. No falta nadie. Todos fueron fieles y puntuales a su cita: "A pedir pan y vino vienen siempre las ratas" piensas, y media sonrisa se asoma, complaciente, en tu rostro. Observas y compruebas que efectivamente nadie falta: Funambulistas del llanto, malabaristas del sentimiento, videntes de feria, fanáticos apocados, locos de respuestas fáciles, románticos desbocados, payasos de sonrisa falaz, doctos maestros en filosofía barata, putas despreciables, pusilánimes arrastrados, señoritos domesticados, fantasmas imperceptibles, viles cucarachas, perros sin bozal, chulos de mierda, pícaros descarados, altivos condescencientes, zorras egoístas, gente indocta, gente incivil ... Todos forman parte del conjunto, de esa masa despreciable a la que no puedes dejar de mirar en una mezcla hipnótica de curiosidad, tristeza y espanto. Miras y no puedes dejar de centrar tu atención al verles juntos en su pocilga retozando como los sucios puercos que siempre han sido todos ellos. Como aquel voyeur que nota palpitar en su pecho el impulso de mirar por la cerradura. Como aquel que fija su mirada en un cuerpo vivo consumiéndose en llamas. Todo arde. Ascuas y tizones se serpentean por los más insospechados vericuetos, ¡estamos en llamas!

Nacho Álvarez O' Dogherty

martes, 8 de diciembre de 2009

Navidad en Pottersville


Qué fácil resulta, en esta época de contracción social, declive histórico y pesimismo colectivo, identificarse con aquel George Baileys paseando pálido y cabizbajo por una ciudad en la que había dejado de existir.

Neones de clubs nocturnos amontonándose en lo que antes era la tranquila calle principal, ponzoña camuflada entre la tundra de un invierno más frío que nunca, negatividad estranguladora revestida de enérgicos villancicos, ostias en el bar… así era la Navidad en Pottersville.

El motivo era claro: aquél microcosmos se había vendido al becerro de oro. Sus gentes habían acabado sucumbiendo a lo que George Baileys tantas veces luchó porque nunca ocurriera. Ahora besaban los pies al usurero que había encanallado sus vidas a cambio de un puñado de dólares, rindiéndole pleitesía al cambiar incluso el nombre de su pueblo de toda la vida. La villa empieza y acaba donde lo hace el nombre del maldito judío.

La película de Capra tiene un sabroso regusto navideño, algo que las cadenas de televisión de nuestro país no han obviado nunca. No hay Navidad sin Qué bello es vivir. Pocas imágenes plasman tan bien el sabor añejo de los recuerdos de la infancia, las cenas en casa de los abuelos, los exquisitos turrones que dejaron de hacerse hace años, las largas noches sin dormir pensando en los reyes, la somnolienta misa del gallo… en resumen, la añoranza de todas esas buenas costumbres que por desgracia acabaron para siempre.

Es curioso cómo la Navidad se ha convertido en lo que se ha convertido. Hemos cambiado el culto al espíritu por el culto a lo material, las pequeñas sorpresas por los grandes escaparates, las cintas en blanquinegro por la High Definition, el turrón por el percebe, la sonrisa por la mueca. Películas como esta, que tiene ya más de sesenta años, cobran en la actualidad nuevos sentidos.

Qué triste es la Navidad en Pottersville. Cuánto se os echa de menos, compañeros.


El Dorado era un champú, la virtud unos brazos en cruz, el pecado una página web.
Joaquín Sabina

lunes, 16 de noviembre de 2009

Life on Mars?



Recuerdo perfectamente el primer debate sobre la pena de muerte de mi vida. Fue en 6º de Primaria durante la clase de Religión. La señorita decidió preguntarnos qué pensábamos del tema. Entonces, sin pensarlo demasiado, y guiándonos fundamentalmente por lo que decían en casa nuestros papás, la mayoría de los chavales afirmamos en ese momento estar a favor, ante los ojos atónitos de la seño.

¡Pero nadie tiene derecho a decidir por la vida de nadie!, espetaba esta. ¡Si matas a un asesino te pones a su altura!

Si piensas eso es porque nadie ha matado a ningún familiar tuyo, le contestaba Sandrita. Si te pasara, seguro que pensarías como nosotros, y todos la mirábamos asintiendo.

La cosa es esta. Según han ido pasando los años he podido constatar la triste realidad de que todos estos debates, pena de muerte, aborto, eutanasia y sucedáneos, no han evolucionado ni un ápice desde que teníamos once tiernos años. Aprendemos palabras nuevas, ampliamos nuestro mundo, escuchamos a más líderes de opinión, sofisticamos nuestro lenguaje, pero muy, muy pocas veces, pensamos. Es lamentable comprobar cómo la mayoría de las partes constitutivas de la mesa se guían, por encima de cualquier cosa, por argumentos puramente emotivos. Todo intento de raciocinio se reduce a con qué pie nos hemos levantado hoy, cuántas expectativas cubrimos con nuestro salario o cuánto tiempo llevamos sin tocar a una mujer. Sin más. Como los monos.

No existe ningún motivo a día de hoy para tener que emprender la difícil tarea de pensar por nosotros mismos. Vemos el telediario sólo para poder tener motivos por los que indignarnos. Con cada nueva noticia recibimos nuestra cantidad periódica de carne fresca sobre la que poder descargar nuestra ira. Nos alegramos de que a pesar de los avances tecnológicos, los periodistas nos sigan mostrando la realidad en blanco y negro, con buenos y malos, como las guerras y los partidos de fútbol.

¿Qué nos importa la cantidad de matices que puede tener cada caso que aparece ante nuestros ojos, si todo ello no va a caber en el minuto y medio que, con suerte, le pensamos dedicar? Lo que queremos es ver sufrir a los malvados, quienquiera que estos sean. Preferimos una información lo más mascada posible, que no dé lugar a dudas de ningún tipo, y que se engulla con la facilidad de una papilla. Mamá, párteme los trocitos más pequeños que luego me atraganto.

Hecha la digestión, bajamos al bar a comentar el tema que marque la agenda. Amantes todos de la santa polémica, sacamos nuestras armas para defender unas teorías de las que nos creemos dueños. Obviamente, lo importante es hablar y no escuchar. Con facilidad pasmosa mezclamos el chiste con el argumento. El tiempo corre y quien haga el comentario más vasto se lleva la palma. Deberían cortarles a todos el cuello.

Como los monos, necesitamos hacer cosas para entretenernos. Da igual engancharse a Perdidos que tomarse una copa o jugar al Buscaminas. Lo importante es matar el tiempo, como si este fuera un ser monstruoso al que tuviéramos que clavarle una estaca para librar a nuestras vidas de su abominable tic tac. ¡Pero no me venga con monsergas, oiga, que yo voy al cine a pasar el rato!

¿Para qué pararnos un segundo a intentar desarrollar algo tan complejo e innecesario como tener ideas propias? Preferimos delegar nuestra percepción intelectual de la existencia en amigos, iconos sociales, o aún mejor, medios de comunicación, que es lo más cómodo desde que se inventó el mando a distancia. Lo que poca gente entiende es que al entregar nuestro raciocinio a todos esos agentes externos, como si el alma fuera algo demasiado pesado con lo que cargar, estamos perdiendo precisamente aquello tan valioso que nos diferenciaba del animal puro y duro.

Entonces, ¿con qué derecho metemos en jaulas a nuestros primos lejanos? ¿Qué diferencia hay entre estas y un plató de televisión? ¿Qué puñetas ha pasado con aquel hombre que llegó a la luna?

Quizá el problema esté en que todo aquello se lo inventó…

Sailors fighting in the dance hall. Oh, man! Look at those cavemen go. It's the freakiest show! Take a look at the lawman beating up the wrong guy. Oh, man! Wonder if he'll ever know. He is in the best selling show. Is there life on Mars? David Bowie

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La resaca de Mike

Mike despierta a primera hora de la tarde sumido en una confusión esponjosa. Siente como si le hubieran abierto la cabeza con un hacha. Bebe un poco de agua. Mea. Vuelve a la cama. Lentamente, se reubica en el angosto espacio de su habitación. Siente como si una extraña fuerza centrífuga le prensara el cerebro. Bebe más agua. Mea. Vuelve a la cama. Casi se cae de morros al tropezarse con su ropa del día anterior desparramada por el suelo. Bebe agua. Enciende la televisión. «Michael Jackson ha muerto» dice un periodista.



Mike intenta recordar. Un oscuro paréntesis continúa en su cerebro al punto y aparte que marca la cantidad ingente de alcohol con la que decide compartir normalmente su tiempo libre. Lentamente, va cogiendo pedazo a pedazo los recuerdos de una noche destrozada. Un lienzo surrealista empieza a pintarse ante sus ojos mientras el rostro le palidece de manera directamente proporcional. Joder. Mea. Cómo coño se le pudo pirar tanto. Bebe un poco de agua. Vuelve a la cama. Se caga en Dios.



Los recuerdos de anoche se van revelando poco a poco, aunque algunos puntos quedarán borrosos para siempre. Como un puzle a medio construir, como un antiguo carrete de fotos, como una peli de terror de las malas. Bebe. Mea. Vuelve a la cama.



Descubre con horror el efecto de unos tragos demasiado largos, la locura de sacar a Mr. Hyde a pasear, el sonido de un crimen y castigo escondidos a la vuelta de la esquina, la rabia de tropezar en el último escalón… Se le junta el hambre con las ganas de potar.



Mike se pregunta dónde van todos esos recuerdos que nunca tendrá. Quizá sea mejor así, piensa, que el cerebro los olvide. Puede que solo sea un mecanismo de autodefensa para alejarnos de la locura, como una caja de Pandora que nunca debe ser abierta. Siente el apetito de destruir varios objetos cercanos. Mea. Escupe intentando vomitar.



La confusión le hace tiritar. Sus neuronas están en plena guerra civil. Montones de ideas dispares asaltan su malherida cabeza. El marchitar de las flores en otoño. Un cementerio de sueños hechos añicos mucho antes de lo debido. El descubrimiento de sus primeras arrugas. La sangre en las manos de Dorian. Ese «I’m falling and I can’t turn back» del Dance with Devil…



Se mira al espejo y se pregunta qué coño ha pasado consigo.



«Es una tragedia» dice un periodista.



Entre el dolor de cabeza y las ganas de matar a alguien, se pregunta a sí mismo cuándo perdió el rumbo.



«Y era tal su confianza en la seguridad de tal refugio, que al perderlo, experimentó por primera vez esa sensación tristísima de las irreparables pérdidas y del vacío de la vida, sensación que en plena juventud equivale al envejecer, en plena familia equivale al quedarse solo, y marca la hora en que lo mejor de la existencia se corre hacia atrás, quedando a la espalda los horizontes que antes estaban por delante» Benito Pérez Galdós

viernes, 30 de octubre de 2009

Pequeña mesa redonda



Si Tom había aprendido algo, es que no puede asignar un significado cósmico a un simple evento terreno. Coincidencia. Es lo que es. Nada más que una coincidencia. Tom finalmente aprendió que no existen los milagros. No existe tal cosa llamada destino. Nada está destinado a ser. Él lo sabía. Estaba seguro de ello ahora.

Woody Allen, Paulo Coelho, Sánchez-Dragó y muchos otros comentan la película (500) DAYS OF SUMMER a la salida del cine:


PAULO COELHO:
Cuando deseas algo, el universo entero conspira para que se haga realidad.
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FERNANDO SÁNCHEZ-DRAGÓ:
La gente saca punta a cualquier cosa. No falta a los autores de estos textos lo que Pascal llamaba 'esprit de finesse'. Bienvenido sea frente al "de geometrie" que todo lo invade en estos tiempos. Sincronicidad, decía Jung. Situaciones de emergencia espiritual, corroboraba Grof. Fenómenos de convergencia, añado yo.
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WOODY ALLEN:
El hombre siempre intenta que las cosas salgan perfectas en el arte, pues conseguirlo en la vida es verdaderamente difícil.
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SON GOHAN II:
Habiendo cumplido su cometido, se fue alejando a paso refinado mientras miles de preguntas sin respuesta invadían progresivamente mi cabeza. ¿Por qué... te incita a la poesía?
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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ:
Pienso en Ti y me olvido del mundo. Mas me olvido de ti, pensando en Ti.
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PINK FLOYD:
Did they get you to trade your heroes for ghosts?
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LOS PLANETAS:
Dime de quien es el trozo de tu corazón que no puedo tener.
Dime por qué por más que lo estuve intentando nunca lo encontré.
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THE CURE:
I try to laugh about it and cover it all up with lies.
I try to laugh about it hiding the tears in my eyes.
Cause boys don't cry.
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MELENDI:
Fumar puede matar pero también matan tus besos. Llorar puedo llorar pero por ti yo ya no quiero. Y ya no aguanto más porque el tiempo se me va y no quiero, servirte vida mía, de cenicero.
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EL FARY:
Yo de todas formas siempre he detestado al hombre blandengue. Y además, también he podido analizar que la mujer tampoco admite al hombre blandengue. Además la mujer es muy pícara, valga la palabra porque como bien en otras ocasiones he dicho, yo lo que más valoro en esta vida es la mujer. Y para mí la vida tiene un sentido enorme con la mujer, sin la mujer la vida no tendría sentido. Pero la mujer es granujilla y se aprovecha mucho del hombre blandengue, no sé si aprovecha o se aburre, y entonces le da capones y todo.

lunes, 26 de octubre de 2009

domingo, 25 de octubre de 2009

Algunos apuntes en torno a Ágora

Llevaba seis o siete meses sin ir al cine, concretamente desde la vomitiva adaptación de Watchmen, de la que quizá hable próximamente. Y como para volver…

Amenábar es un tío que me gusta por lo siguiente: guiones redondos perfectamente orquestados donde cada cosa está en su lugar, dirección exquisita y sofisticada, y lo más importante, personajes apasionantes, con los que cualquier sector de la sociedad logra empatizar fácilmente. En resumen, tienen sus películas Sentimiento.

Una lástima que nada de esto se cumpla en su última obra, la cual, cabe decir, es posiblemente la más ambiciosa basándonos simplemente en las cifras: un presupuesto de 50 millones de euros, cantidad con la que podrían haberse hecho unos siete u ocho los otros, diez mares adentros o cientos de tesis. Es lógico pensar que una película de tal calibre económico moviliza mucho más esfuerzo humano, tanto colectivo como de su director, que cualquiera de sus anteriores.

Pero hablemos de Ágora. Perdone el lector que me limite a exponer simplemente algunos apuntes de manera dispersa y caótica, sin ahondar en ellos ni sacar conclusiones. No es este un artículo de opinión ni una crítica de cine, sino un conjunto de impresiones como las que se lanzan en una cafetería esperando a que alguien las conteste. Dicho esto:

-Ágora es la peor película de Amenábar. Pero esto no quiere decir que sea una mala película. Es una película bastante notable, por encima de la media, que si viniera firmada por Pepito el de los Palotes sería sorprendentemente buena, y no decepcionantemente regular para un director que puede y Debe dar más.

-El guión carece de la emoción a la que nos tiene acostumbrados. Los personajes se mueven entre la acción pasional mal conducida y mal explicada y devaneos acerca de los movimientos de los planetas. No me parece mal que los puntos de giro se basen en si Hipatia consigue o no encontrar la verdad astrofísica que no le deja dormir, puede llegar a parecerme una idea original o un experimento interesante, pero si el director se decanta por el camino más ambicioso, debe ser consecuente y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Dicho de otro modo, si Alejandrito tiene los huevos lo suficientemente grandes como para basar una de las tramas principales de una película épica en un debate científico-filosófico, no me vale que lo resuelva como si de un capítulo de Érase una vez el hombre se tratara. Quiero ver un discurso verdaderamente «pro», alejado del afán didáctico y el lenguaje fácil, alejado de lo que es habitual al consumo de masas. Otra cosa es tirar la piedra y esconder la mano.

-Ágora tiene también, en lo que a lenguaje audiovisual se refiere, la dirección más sosona y menos imaginativa de su director. Sosona, sin más, como un capítulo de Roma: planificación limpia, largos para ubicación, medios para acción y cortos para sentimiento. Lo de siempre, aderezado con dos cucharaditas de planos cenitales y simetrías kubrickianas, no vaya a pensarse la gente que el autor no tiene estilo narrativo. Pero lo peor de todo es el gran desacierto con el que planifica las principales escenas: el tan comentado pino puente de la cámara mientras se está destruyendo la Biblioteca, sencillamente horrososo; o los zoom de la Tierra que parecen sacados de Google Earth, un sinsentido tan antiestético como vacío de mensaje, que no sirve para nada salvo para sacarte de esa Alejandría tan bellamente recreada y recordarte que estamos en el siglo XXI.

-En cuanto a la polémica surgida en los medios en torno a su rigor histórico, no me sitúo en ninguno de los bandos. Por un lado, toda película es ficción, algo que cualquier espectador debería saber; si alguien quiere informarse sobre un determinado periodo histórico que desempolve un poco sus viejos libros y no pretenda ahorrarse ese esfuerzo echando la tarde en una sala. Por el otro, es asombrosamente descarada e indigna la manera de retratar a los cristianos como seres vestidos siempre de negro, con sucias barbas y que escupen cuando hablan. Por un lado, el mensaje quizá no vaya en contra del cristianismo puro y duro sino del fanatismo, sea del tipo que sea, del envilecimiento de una sociedad ignorante dirigida por unos pocos maquiavelos. Por el otro, atendiendo a las líneas principales del guión, los continuos textos explicativos y la propia manera en que ha sido vendida la película, cualquiera que conozca un poco el medio Sabe, y de poco sirve negarlo, que se trata de una obra por encima de todo propagandista, que persuade más que informa. En resumen, tienen razón tanto unos como otros. Es cierto que la polémica ha sido generada por un determinado sector de la sociedad que está siempre a la contra cada vez que alguien abre la boca, que considera el cristianismo algo inmaculado e intocable y que nada que haya salido de los hombres puede ser tachado si se ha hecho en nombre de Dios, y que moviliza a sus gentes utilizando las mismas técnicas de manipulación que denuncia en la película. Pienso que esta «inmaculización» del cristianismo y de la Iglesia debería estar superada ya. Pero también es cierto que se trata de una película tramposa, tan sutilmente persuasiva cuando quiere como inocentona cuando así necesita aparentarlo, y que vestir sus trampas históricas de rigor y documentación, pues así es como ha sido promocionada, es sencillamente Mentir, y sólo puede tener como resultado el justo desprestigio de un chaval que apuntaba alto.

-Por último, me gustaría hablar de su supuesto éxito comercial: una cifra récord de 5 millones en su primer fin de semana. Sería una, no buena, buenísima cifra si estuviéramos hablando de una película española al uso. Pero Ágora multiplica por diez el presupuesto de esas películas, y considerando que no ha encontrado distribuidor en Estados Unidos y a duras penas ha conseguido exhibirse en un puñado de salas europeas, ¿Cómo diablos va a lograr ya no sacar beneficios sino tan solo cubrir su presupuesto? ¿Por qué nos venden como éxito taquillero una película que seguramente acabe su recorrido por las salas dando pérdidas? ¿Quién nos intenta engañar y por qué?

Recuerden lo que decía al principio de la cafetería. Están ustedes en su casa.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Sobre la triste caída de La comarca

Samsagaz se despierta todos los días con la salida del sol. Cada vez se ve más viejo y cansado, pero disfruta como un niño con cada pequeña cosa. Pasearse por los vastos campos de La comarca en pleno periodo de colecta, fumar hierba tranquilamente sentado en su terracita, hablar de negocietes con sus viejos amigos en la taberna, el simple y llano día a día constituye para él la paz espiritual que tanto anheló cuando era joven.

Pero este verano ha sido con diferencia el más caluroso de su amplia memoria. Sentado a la sombra de su alcornoque favorito, como todos los días, Samsagaz atrapa por un momento la extraña idea de que el sitio en el que ha vivido siempre ha dejado de ser lo que era antes. Los narcisos de su jardín se mueren cada vez con mayor rapidez. Las cigüeñas no han vuelto a Hobbiton desde hace dos temporadas. La realidad está adquiriendo tonos sepias. Algo intangible está ahogando la atmósfera de la tierra que él mismo defendió del mal hace ya muchos años.

La gente de su generación se ha vuelto pasiva y complaciente. Los jóvenes están cada vez peor educados. Hay en el ambiente una sensación de cansancio general y de falta de proyectos. Las niñas ya no quieren ser princesas. La juventud en general parece haberse metido en un pozo sin fondo. Quizá es por esa música infernal que tanto les gusta.

En la plaza del pueblo la orquesta que tocaba a los clásicos fue sustituida por unos muchachos esqueléticos que gritan como cabras. A veces cogen canciones antiguas y las reinventan con instrumentos artificiales muy desagradables. Otras veces simplemente dan golpes, sin sentido del ritmo ni preocupación alguna. Alrededor de ellos, los chavales bailan primitivamente, restregándose como animalillos en celo, como si estuvieran en una especie de danza del fuego visceral.

Parecen estar en pleno éxtasis. Fuman hasta enronquecer, bailan apretujados como mariscos en una sartén, cociéndose poco a poco en el ambiente desoxigenado. A menudo se pelean entre ellos por pura diversión. Sus miradas reflejan inmenso odio. Sin ningún tipo de decoro, se agujerean las comisuras de los labios para introducirse extraños anillos por toda la cara. Sam no había visto algo parecido desde que luchó contra montones de feos orcos en aquella torre del sitio innombrable.

Entonces, sentado a la sombra de su alcornoque favorito, lo comprende todo. El señor oscuro ha estado jugando sus cartas delante de sus narices, introduciéndose de la manera más sutil en cada aldea, controlando a sus gentes con música embrutecedora y extraños anillos del poder llenos de pinchos. Cabizbajo, se enciende su pipa y comienza a entonar la sintonía del fracaso, entendiendo tristemente que el mal ha vencido.

sábado, 5 de septiembre de 2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

La vida de Donnie

Donnie cierra el Wow tras siete horas de vicio desenfrenado. Necesita descansar un poco la vista. Titubea un rato frente a la sempiterna pantalla, medita un par de segundos y abre su galleta de la fortuna: «Hoy deberás estar atento ante una nueva e interesante oportunidad». Sin terminar de leerlo se saca una pestaña y pone rumbo a su blog personal a toda leche. No hay comentarios nuevos. Rastrea un poco sus últimos escritos y lee con detenimiento dos o tres de sus mejores frases por pura masturbación. Tras corregir una coma vuelve al portal.

Tiene una solicitud de amistad y una invitación para hacer un test sobre qué personaje es cuando va pedo. La aspirante a amiga es una compañera de clase con quien apenas intercambió cuatro palabras y de quien lleva años sin saber nada. Donnie la acepta y condecora con tan honroso título. El test le aparca en otra pestaña para hacerlo luego. Mira su muro. No hay ninguna novedad. Echa un vistazo a su nueva amiga cogiendo cuatro fotos al azar y mirándolas con indiferencia absoluta. Vuelve a su muro. No hay ninguna novedad. Abre un par de periódicos y descubre con asombro que Pellegrini ha declarado que van a darlo todo para hacer un fútbol «espectacular». Ramos va superando la lesión. Zapatero sigue con sus tonterías. Vuelve al muro. Hay una foto nueva. A Nando le gusta. Observa con desdén su horrible jeto del pedo del viernes. Entonces despierta sus dos brazos y su cuerpo anquilosado, se frota las manos y teclea: «xddddddd».

Donnie se pasea de nuevo entre páginas y páginas de periódicos marchitos. Descubre algunas cosas interesantes. La dieciseisava parte de su videojuego favorito se confirma para el próximo otoño, hay nuevas imágenes de una película que jamás irá a ver, y las BLISS acaban de salir a la venta por 299 dólares, pero al parecer esos malditos seguirán el tradicional cambio comercial de euro igual a dólar. Hijos de puta. Vuelve a su blog. No hay comentarios. Vuelve al muro. Hay nuevas fotos de la cogorza, con un comentario de una tía fea que intenta ser graciosa para poder existir. A Nando y a Lola les gusta. A él no. Entra en Lola. Observa sus fotos con el detenimiento de un voyeur que folla menos de lo que le gustaría. Lola ha estado en París en Abril y en Marbella en Agosto, le gustan las gigantescas chisteras estúpidas de colores, subirse a los quitamiedos de La Latina cuando va borracha y fingir que sabe tocar la guitarra mientras la hacen una fotografía. A Donnie le gusta Lola, pero no sabe que Lola no existe. Lola es una ficción digital, una leyenda que una muchacha imperfecta se ha creado de sí misma, una careta de rímel con la que cubrir los defectos propios de la luz natural. Donnie nunca sabrá que no es ella quien le gusta, sino Ella.

Vuelve al muro para ver si hay alguna novedad pero no la hay. Entonces da por finalizada la actividad social de hoy y cierra su segunda vida para meditar un par de segundos. Con los ojos tan apagados como de costumbre, empana su mirada somnolienta en un punto no tan muerto como él, y se da cuenta de que lleva días sin dormir bien. Quizá porque el Wow le consume la vida, o quizá porque está siempre alerta esperando esa nueva e interesante oportunidad que de un poco de color a su mundo sin comentarios.

Cansado, se masturba para anestesiar el corazón.

miércoles, 1 de julio de 2009

Hoja suelta #3

Vidal se tumba en su lecho fatigado, mientras a pocos metros resuenan gritos bárbaros de los más inidentificables dialectos, sedientos de venganza todos ellos. No es el calabozo, pero para él, como si lo fuera. Trabaja forzosamente durante todo el día y llega a su habitáculo lo suficientemente cansado como para no poder pensar en nada. En lugar de desempolvar el único libro que ha podido traer consigo, prefiere observar peleas de travestis por su ventanuco enrejado hasta que se le cierren los ojos. Los himnos guturales que repiten una y otra vez en los campos de trigo le taladran lentamente hasta que empiezan a gustarle. El entrenimiento pasivo le acaba devorando poco a poco. Los días se suceden unos a otros sin sentido ni objetivo. Se sorprende al darse cuenta de que la realidad que está viviendo solía ser un sueño recurrente en el pasado. Vidal siente que se está embruteciendo, que acabará como todos los demás. Con las manos encalladas, lo cierto es que cada vez se asemeja más. A veces piensa.
Recuerda como ha ido a parar hasta allí. Intentó beberse de un trago a una ciudad entera, tal y como hacía el Capitán Eduardo. La retó a puñetazos como el típico pujil amateur que de pura ignorancia se las ve todas consigo, pero cuando parecía que el combate llegaba a su fin recibe un cabezazo que le tumba en el asfalto. K. O. directo. Recuerda aquella historia del niño acorralado que da una patada al mundo y el mundo se la devuelve encabronado. Vidal se ríe. Piensa que podía haber sido mucho peor. En lugar de un cabezazo, pudieron haberle roto las piernas, o las costillas, o todo a la vez. Sólo es cuestión de cabrear a la ciudad lo suficiente. Ella siempre sabrá darte tu merecido, piensa.
Entre las peleas de travestis y los gritos del fondo, Vidal logra congelar el tiempo y acariciar un poco ese segundo en el que se siente lamentablemente único. Incluso llega a sonreír. Siente que ha aprendido algo. Acaba de ver un pequeño destello. Quizá pronto empiece a aparecer la luz del tunel.
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Rechazar las propias experiencias es detener el propio desarrollo. Negar las propias experiencias es poner una mentira en los labios de la propia vida. No hay una sola degradación del cuerpo que no deba tratar de convertir en espiritualización del alma. Oscar Wilde

martes, 23 de junio de 2009

Hoja suelta #2

Vidal levita misteriosamente por encima de su casa. Es de noche, y cada vez está ascendiendo más y con mayor rapidez, dando círculos infernales sin rumbo fijo, de manera totalmente descontrolada. Entonces el pánico le embriaga de los pies a la cabeza, y comienza a gritar con todas sus fuerzas, intentando pedir auxilio, pero de su voz no se desprende más que un leve susurro...
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Se despierta sobresaltado entre las sábanas húmedas de una noche de Verano. Tiene miedo. Oye ruidos misteriosos y en medio de la oscuridad cree identificar sombras amenazantes. Y suda como un negro. Tiene mucho miedo. Se queda petrificado por varios minutos, como si hubiera vuelto a ser un niño, temeroso de percibir una forma horrenda detrás de cada estímulo.
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Sabe que esos sueños volverán a acecharle una y otra vez hasta que salga el sol, por lo que comienza a pensar qué hacer para pasar la noche. Hoy le toca. Aún con la congoja, coge los dos o tres libros que más cerca tiene, todos ellos calados en la misma página desde hace eones. Intenta evadirse un poco...
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Mas en aquella casa y en las que antes he mencionado no se consagraba todo el tiempo a los reyes, sotas y demás real familia, pues siguiendo la general corriente de los tiempos, se hablaba mucho de política. Iba a ellas con frecuencia, y durante sus días de vagar, el tío Mano de Mortero, que siempre llevaba noticias frescas. También concurría Pujitos, joven instruidísimo y de gran erudición, pues no dejaba de saber leer (aunque con pausa y cierto dejo No funciona. Vidal tira el libro y enciende la luz.
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Sigue pensativo, recordando otras noches parecidas. Y comprende que esta no es la peor, y ni siquiera una de las peores. Recuerda que una vez vio al mismo Diablo en forma de una vieja decrépita, y acabó arrodillándose, llorando y suplicando para que no le mostrara su verdadero rostro. Lo recuerda con viveza y el solo esbozo de la escena le retuerce los testículos en el cerebelo. Sudoroso y con la cabeza hecha un tormento, se lamenta una vez más por su afición al sadomasoquismo.
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Finalmente Vidal se asoma al balcón a respirar un poco de aire fresco. Con cada paso se va acercando de manera totalmente inconsciente a un momento mágico bien merecido. Mientras contempla el firmamento, una melodía a piano comienza a deslizarse suavemente entre la oscuridad hasta que golpea su tímpano: http://www.youtube.com/watch?v=f99mfQOldx0
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Vidal sonríe. No es una melodía triste, ni alegre, ni virtuosa, ni pegadiza, ni potente, ni inusual, ni melancólica, ni patética. Sólo es una melodía, de esas que parecen recordarte aquel tópico de que la vida es una sinfonía agridulce. Recuerda, sin saber por qué, aquel otro sueño en el que se da cuenta que está soñando justo en el momento final, pero que se trata de algo tan dulce que prefiere renegar de la realidad y disfrutar del desenlace, pero entonces el telón se cierra y los ojos se abren, y la ninfa desnuda comienza a mutar paulatinamente en almohada. Vidal sonríe y disfruta del momento. Para calmar a la bestia hace falta música, recuerda. Ya no tiene miedo.
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El que nunca comió su pan con dolor, / el que nunca pasó las horas de la medianoche / llorando y esperando a la mañana, / ése os desconoce, Potencias Celestiales.
Goethe

martes, 28 de abril de 2009

Homo Analfabetus

Siglo XXI. Democracia. Racionalismo. Libertad de expresión. Sociedad de la información. El conocimiento se transmite y duplica segundo a segundo de manera exponencial... ¡La de utopías que habrá fumigado nuestra preciosa época! Si Platón levantara la cabeza lo primero que haría es hacerse una cuenta en twitter.
Y sin embargo, la gente sigue confundiendo el todo con la parte, la cantidad con la calidad, a con b.. Hoy en día la gente se conforma con respuestas sencillas para preguntas complejas: hay quien nace con estrella y quien nace estrellado, la vida es una caja de bombones y nunca sabes cuál te va a tocar, cuando deseas algo el universo entero conspira para que se haga realidad... A día de hoy la filosofía no es otra cosa que el arte de decir en el momento oportuno una frase curiosa, de esas que incluyen un precioso juego de palabras y encierran una bellísima contradicción, porque, amigo, ¡la vida es una contradicción!
Este es el verdadero fracaso de nuestra civilización. Ciudadanos y ciudadanas, no hagan caso de la televisión. Dejen de temer por la debacle económica, los terremotos, la yihad islámica o la gripe porcina. Si tienen algún motivo para ahogar a sus hijos mientras duermen, estirilizar a sus congéneres, y acudir a la iglesia en busca de la piedad divina, es la invasión de esta nueva especie analfabeta.
El enemigo se camufla bien entre ustedes, utiliza los mismos canales de información que sus antepasados desarrollaron a base de tantos sacrificios, por el mero ensueño de buscar aquello de "un mundo mejor en el que morir"; y satura las autovías con su estupidez, su vocabulario pordiosero y sus costumbres bárbaras. Tengan cuidado de las compañías que frecuentan sus hijos, estremézcanse ante cualquier síntoma, el piercing que consiente hoy puede ser una tez de orco mañana...
La libertad de expresión está muy bien, pero debe estar arbitrada por la verdad, el raciocinio y el buen gusto. Deberíamos de estar de acuerdo en que el mundo más libre no es aquel en el que puedes cagar en cualquier parte.
Si Platón levantara la cabeza, contemplaría patético que sus enseñanzas han quedado sepultadas por charlatanes pseudofilósofos, artistuchos drogadictos y sofistas a mala leche.
Platón se daría la vuelta cabizbajo, rumbo de nuevo a la caverna de la que, al parecer, nunca debió salir. Leónidas no. Leónidas miraría con desprecio a estos infraseres y gritaría:
¡No les deis nada! ¡Quitádselo todo!

martes, 21 de abril de 2009

Bombay se había convertido en Mumbai…

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Danny Boyle, padre de películas de lo más dispares tanto en forma como en fondo, firma el film. En su haber tiene desde maravillas como Millions hasta fiascos como Sunshine; siempre tan irregular, pero siempre tan interesante. Y es que en toda su variopinta filmografía encontramos una chispa de algo no muy frecuente en el panorama cinematográfico actual: la firme voluntad de ensayar, de experimentar y de innovar con el lenguaje audiovisual, de demostrar que no está todo descubierto y que se pueden hacer cosas nuevas. Será el triunfo o fracaso de estos experimentos con los que adorna sus películas lo que condicione que cada una de ellas tenga su hueco en el Olimpo o en el Averno del cine, respectivamente.

El cineasta británico se traslada esta vez a la India para contarnos una estupenda historia que mezcla fantasía y realidad como sólo él sabe hacerlo. El argumento, basado en la novela de Vikas Swarup, narra cómo el joven Jamal logra acertar todas las preguntas de un famoso concurso de televisión y se convierte en millonario de la noche a la mañana. Pero lo verdaderamente interesante de esta historia, aparentemente sencilla, es lo que queda lejos de las cámaras del show: el conjunto de vivencias que desde muy pequeño han ido moldeando su personalidad y los numerosos obstáculos que el chico, huérfano y sin recursos, ha tenido que ir superando para poder sentarse frente a frente con un presentador hosco y apostarlo todo hasta el final para salir de pobre al estilo americano.

La relación de Jamal con su hermano Salim y su amada Latika conforman el motor de la historia, conduciéndolos a lo largo de su juventud por la miseria de un Bombay arrasado por la guerra y las crueldades de sus habitantes implícitas a tal situación, tornándose hacia la picaresca en las zonas turísticas del país y desembocando en un ambiente de bandas y pistolas que fuerza su separación. Tal recorrido irá construyendo el personal acercamiento de Boyle a la India, no exento de alguna que otra reflexión acerca de los problemas del país, como el apego a la religión, que les lleva a destruirse unos a otros, o la difícil convivencia de rasgos occidentales en una cultura oriental.

Todo ello constituye un lienzo que queda a medio camino entre el realismo severo con el que se recrean los suburbios de Bombay y el ilusionismo de ciertas escenas, concretamente las referentes al romance de los protagonistas, acompañados de una música que te eleva de sucias calles hacia climas oníricos en un par de segundos. El conjunto resulta una visión de la India básicamente impresionista. No podemos olvidarnos del marco que encuadra toda la pieza: el programa de televisión, un escaparate fantástico de luces y tinieblas que muestra más que nunca la espectacularización de la televisión, un medio definido muchas veces como el espejo de la realidad y que en esta película se presenta como todo lo contrario, como una «forma de escapar», en palabras de Latika.

Jamal, perteneciente a las clases más bajas del país, logrará en televisión lo que ningún experto había conseguido: llevarse el máximo premio. El chico queda ya perfectamente definido en la escena en la que de niño salta por un cobertizo de excrementos para conseguir el autógrafo de un actor famoso. No duda en ensuciarse de arriba abajo para poder tocar tan sólo por unos segundos ese sueño que el cine siempre le ha vendido, mostrándonos que cuando se plantea un objetivo, no parará hasta conseguirlo, sin importar qué o quién se interponga en su camino.

La historia no oculta en ningún momento su tono de cuento de hadas, por lo que no se puede achacar al guión que peque de poco realismo en lo referente a cómo el joven logra su objetivo y se convierte en millonario, en una secuencia que, de manera parecida al principio de la película, se intercala con la muerte de su hermano, bañado en billetes. Esta escena sí que resulta algo más forzada, al no entenderse del todo por qué Salim ayuda a Latika a escapar y acaba asesinando a su jefe, cuando su actitud durante el resto de película había sido la contraria; pero sirve para contraponer de manera muy clara los destinos distintos que han elegido los dos hermanos, arquetipos del bien y del mal en su sentido más clásico, recordándonos a las historias sobre fortuna y desdicha de aquellas hermanas huérfanas escritas por el marqués de Sade.

Como decíamos, es esta mezcla explosiva de fantasía y realidad lo que hace de Slumdog Millionaire un film verdaderamente interesante. Resulta crucial la buena mano de su director, que ya se había mostrado experto en recrear alucinaciones en películas como La playa o Trainspotting. El cineasta conduce con genialidad a los espectadores por estas ideas tan enfrentadas dejando ver en todo momento una excelente técnica. La dirección, el sonido y el montaje se funden de manera perfecta en cada escena, logrando que ninguno de estos ingredientes destaque sobre otro con el objetivo de que lo que el espectador perciba sea un conjunto armonioso, y en definitiva, una idea abstracta, algo que sólo los grandes maestros saben hacer con un aparato cuya función principal es, aparentemente, captar la realidad.

El ordenamiento de planos cercanos y amarillentos con un sonido ambiente que tan pronto está en un segundo plano como pega grandes subidas en los momentos tensos logra que los barrios indios por los que se mueven los personajes resultan verdaderamente asfixiantes, y a su vez contrasta hasta el extremo con la azulada temperatura del programa de televisión, con los grandes angulares, con los picados de las secuencias más oníricas, y con el sometimiento de estos elementos bajo el primer plano de una música artificiosa, por otra parte brillantemente elegida.
El montaje, del mismo modo, logra introducirnos en ese mundo de sueños sin ni siquiera darnos cuenta, logrando un ritmo muy bien llevado y sin altibajos, que te sumerge de lleno en la historia y conforme los conflictos que Jamal ha de superar se van haciendo más grandes y las preguntas más arriesgadas, la empatía con el protagonista crece, consiguiendo ser partícipe de sus emociones y viviendo estas últimas preguntas con gran intensidad.

El cóctel se aventura ya al principio de la película, con una atípica superposición de secuencias con Jamal presentándose en el programa mientras el público le aplaude, y en la comisaría mientras un policía le abofetea y tortura; y tendrá su colofón tras el happy ending, cuando se da paso a los créditos. Entonces, como si de una película de Bollywood se tratara, los personajes de la historia bailan sobre la estación de trenes, centro neurálgico del ambiente urbano que antes se había retratado de manera muy distinta, recordándonos a todos que lo que acabamos de ver es una película, y como tal, fantástica: estaba escrito.

Valoración: 8.5/10

miércoles, 25 de marzo de 2009

Viva España. Fuera el Rey

Su existencia choca de frente con los principios de igualdad. Su hipocresía convierte en farsa todo aquello que se pronuncia en su nombre. Su reconocimiento legitima a la legión de borrachos indeseables que le anteceden. Su apellido rememora la usurpación francesa. Su oficio es incompatible con la definición de oficio. Sus ademanes sirven de perfecto gag para consumidores de telebasura. Sus silencios otorgan un cheque en blanco a los narcotraficantes que nos gobiernan. Sus lechones comparten madriguera con putas y cocainómanos. Sus orgías salen de nuestro sudor. Su inutilidad manifiesta nos putea. Su cargo es el signo más claro de nuestra incapacidad para evolucionar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

La injusticia enmascarada

Justicia
(Del lat. iustitĭa).
1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.
4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.
5. f. Pena o castigo público.
6. f. Poder judicial
7. f. Rel. Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.
8. f. desus. Ministro o tribunal que ejerce justicia.
9. f. coloq. desus. Castigo de muerte. En este mes ha habido dos justicias.
10. f. ant. alguacil (‖ oficial inferior de justicia).
11. m. justicia mayor de Aragón.
12. m. desus. justicia mayor de Castilla.
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"La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo"
Ulpiano, jurista romano.
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En resumidas cuentas, podemos concluir que la justicia como concepto se corresponde con la equidad o igualdad a la hora de dar a cada uno lo que le corresponde. De este modo logramos sobrevivir nosotros, pandilla de salvajes, en una sociedad a la que amamos y odiamos por igual. Damos un precio a todo lo que existe en el mundo, pero este no puede ser aleatorio sino que debe ser aquel que más se adecúa con la realidad: el precio justo. Las leyes de la vida consisten en recibir algo del mismo valor que lo que tú has dado. Nadie desearía para sí mismo dar cuatro manzanas y recibir a cambio el valor de tres manzanas, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intemcambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Queda constituida así la labor principal del Estado: el sendero infinito de ajustar sus normas a la justicia, puesto que ajustar es hacer de lo injusto algo justo, mientras que justificar es enmascarar a lo injusto como justo.

Volviendo al ejemplo anterior (por analogía), nadie desearía para sí mismo entregar su vida y recibir a cambio el valor de la décima parte de otra vida, porque todo el mundo sabe que esto no sería un intercambio justo al no ser equitativo. Y para que esto no suceda el Estado debe crear las normas oportunas que garanticen una sociedad justa. Y dado que el pilar de la existencia del Estado es la libertad de los individuos que lo componen y que esta libertad reside en la propia vida de cada uno de ellos, el Estado debe garantizar, por encima de cualquier otra cosa, el derecho a la vida de estos. Y si ese derecho fundamental es quebrantado, lo justo sería que el infractor de la norma fuera correspondido con la misma moneda. Y privarle al infractor del resto de su vida en libertad no significa quebrantar su derecho a la vida, puesto que tal derecho ya no le pertenece al haberle intercambiado libremente con su acto, cobrándose la vida de otro en su propio beneficio; intercambio que, ciertamente, no fue consentido por ambas partes.

Asistimos entonces a la espectacular involución de la justicia a lo largo de su historia. El Estado de hoy copia esa actitud tan típica del individuo contemporáneo de enmascarar la realidad con una bonita carcasa, de revestir todo lo que decimos de una corrección que no solo es innecesaria sino que transforma y denigra su propia esencia. Toda idea pura concebida en nuestra mente debe ponerse el frac al salir a la calle, no vaya a ser que enferme a causa de un entorno hostil.

Los justicieros enmascarados de antaño se retiran del oficio, no porque ya no sirvan para ello, sino porque el Estado les ha robado su función: ahora todo él es una gigantesca máscara hermosa con la que cubre sus verdaras acciones. Así, mientras que aquellos justicieros buscaban ajustar la realidad, el Estado intenta justificarla. Y la injusticia, mientras tanto, sigue ahí...
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"En un mundo injusto el que clama por la justicia es tomado por loco"
León Felipe, poeta español de la Generación del 27
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"No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia"
Montesquieu, filósofo asesinado en 1985 por Alfonso Guerra

miércoles, 11 de febrero de 2009

ADELANTE hacia el Nuevo Mundo

Existen cambios malllamados "males", es decir, aquellos que traen algo bueno bajo su ruda corteza. El mundo está cambiando, y no porque lo diga la estrella de cine más cotizada del mundo.

El cambio es mucho más profundo de lo que pueda parecer. El sistema agoniza. Los tecnócratas cojean. Las estructuras se tambalean y acuden al médico a pedir explicación de su malestar. Curiosamente no han tenido en todos estos años ni un minuto para mirarse al espejo y darse cuenta de su vejez interna e irrevestible de cirujía estética, de sus maneras anticuadas, de sus agujeros cada vez más grandes, del sarro acumulado en cada hueco, de su podredumbre. Ahora les toca mirar resignados la cola de Urgencias, joderse y aguantarse.

O acaso no fueron ellos quienes la alimentaron ponzoñosamente, amamantándola, malcriándola y llenándola de caprichos y gilipolleces, hasta que de aquella sala sólo quedó el nombre.

El mundo que salga de la crisis no será el mismo que había antes de ella. Puede que sea incluso mejor: más pobre, menos superfluo, más esfuerzo, menos tontuna... como aquel bufón que fue a parar a Vietnam para darse cuenta de que el mundo es una mierda pero al menos él está vivo y no tiene miedo. Quizá todo esto no sea otra cosa que la perfecta Cura de humildad de una sociedad enferma. Quizá hasta salgamos Adelante.

lunes, 2 de febrero de 2009

Cine y fundamentalismo

Dijo Jordi Dauder al recoger su Goya este domingo que había que luchar contra el fundamentalismo que aún seguía habiendo en nuestro país. Sí, señor. Qué bien metido el dedo en la yaga. Supongo que se referiría a ese fundamentalismo de una parte de la sociedad española que cree tener una moral superior a la del resto. Ese que intenta iluminarnos a todos con su suma bondad. Ese que al final resulta ser tan dogmático o más que aquello que denuncia, y del que la película en la que el actor participa no se libra ni por un segundo.

Porque la película de Fesser peca por encima de todo de fundamentalismo. Si bien tiene un planteamiento interesante, un gran comienzo, una primera media hora llena de emociones que te hacen pensar que estás viendo algo verdaderamente especial, con el transcurso del metraje el contenido crítico del film, en un principio sutil, acaba desbordándose. Se repiten continuamente los mismos tópicos sobre las historias de la cripta del Opus Dei, la hermana abducida por los extraterrestres, la madre que se alegra de la enfermedad de sus hijos... tópicos todos ellos que le hacen un flaco favor a la verdad y que con sus abusos y excesos van cocinando poco a poco el pastel que nos vamos a tragar.

Para cuando llevan ya más de media película redundando sobre la misma idea, la empatía con la niña moribunda se ha diluido en la papilla, cuando la veía sufrir esa muerte tan larga y dolorosa sólo podía mirar la hora en el reloj, cuando vi cómo el padre se escoñaba con un camión al ritmo de Russian Red se me escapó una pequeña y piadosa carcajada, de esas que me hacen sentir que estoy jodidamente alejado de la sensibilidad del resto del planeta, y de las que nunca sé si alegrarme o no.

El error de la película es el mismo que el de todas las de su calaña: intentar plasmar una realidad que su autor no conoce, y que será aplaudido unánimemente por sectores de la sociedad que tampoco lo conocen. Puro cine automasturbatorio.

martes, 27 de enero de 2009

El beso del sapo

Cuentan que una vez un príncipe déspota y mentiroso gonernaba nuestro reino más tumbado que de pie. Corrían malas temporadas para los cultivos y el pueblo empezaba a pasar hambre. Mientras tanto, en palacio las juergas eran cada vez más sangrantes, se derrochaba oro por doquier, la gestión de recursos brillaba por su ausencia, la orgía no parecía tener fin.

Con el paso del tiempo el pueblo empezó a recibir noticias de tales excesos, por lo que empezó a amenazar con alzarse en armas contra sus gobernantes si no les daban una explicación convincente. La camarilla avisó de esto al príncipe, y tras largas discusiones, dispusieron que lo mejor sería que el príncipe bajara al campo a contactar de manera directa con sus súbditos para calmar los ánimos e infundir respeto de nuevo.

El panorama fue desolador. El príncipe pudo comprobar con sus propios ojos cómo la gente intentaba sobrevivir de mala manera en la miseria más absoluta. Ya en la plaza del pueblo, la multitud le rodeó impidiéndole toda escapatoria. Se mostraron verdaderamente agresivos, cada uno por separado le gritaba sus problemas particulares, señalándole todos como el culpable de sus desgracias. Muchos de ellos no tenían trabajo para sustentar a su familia y sobrevivir el duro invierno, otros padecían subalimentación aguda, incluso había algunos con peste. Los más radicales llegaron a alzar sus azadones desafiando a la autoridad, pero sus herramientas blandurrias no podrían hacer nada contra la flamante hoja viperina del soberano, que por cierto era gran espadachín.

Cuando la escena llegaba a su momento más tenso, de repente apareció entre el gentío un pequeño sapo. El animal se acercó al príncipe y se arrodilló ante él. Después le habló con gran respeto sobre su triste condición y le preguntó si él podría hacer algo para ayudarle. La gente se calmó al escuchar su historia, y en seguida se mostraron compasivos. Observando la situación con gran astucia, el príncipe le tomó la mano al sapo y le besó con gran ternura. Acto seguido y como si de magia se tratara, el sapo se convirtió en una hermosa princesa. El pueblo no podía dar crédito a lo que acababa de ver, y estalló en vítores conmocionado, alabando con desmesura la actuación real. Por unos momentos se olvidaron de sus problemas, encargaron perdices para cenar y fueron felices hasta el día siguiente.

El mito está más vivo que nunca.
Las bellas princesas de tierras lejanas sabían lo que se hacían.
Maquiavelo da palmas con las orejas.




lunes, 19 de enero de 2009

La era de los magos

Los tiempos están cambiando de manera vertiginosa. Las cosas dejan de funcionar, el capital se mutila a sí mismo, el sistema comienza a sentir síntomas de su enfermedad, ahora, justo ahora, cuando quizá ya es demasiado tarde para ir al médico. Y es en medio de estas tormentas cuando se vislumbran nuevos horizontes. Los héroes de antaño se dan cuenta de su fracaso y vuelven la espalda a un mundo cada vez más oscuro que no han podido solucionar, emprendiendo su camino hacia casa con el único deseo de que esté la comida caliente para cuando lleguen. Soldados, arquitectos, ingenieros y exploradores, a veces conversan en la partida del domingo sobre lo que pudo ser y no fue, y por las noches rezan para que las nuevas generaciones sepan hacerlo mejor, dando paso, cual alfareros, a una nueva era: la era de los magos.

En algún recóndito rincón de alguna desconocida sala de algún alto edificio de nuestro planeta debe estar gestándose este nuevo tipo de casta. Son hombres cruzados con microchips, genéticamente mejorados con código binario, sus sentidos no tienen fronteras... Parecen superhombres, mal mirados. Genios de la estadística, solucionarán todos nuestros problemas con una buena gama de conjuros, pues su arte es el don de la palabra. Ya falta poco. Dentro de un día tomarán posesión de su cargo. Entonces podremos ver sobre nosotros al nuevo líder, que alzando su báculo, como buen mago negro, gritará a las masas: "Ojos que no ven, corazón que no siente. BLISS ya a la venta". Y el populacho le aclamará, aplaudiendo, cantando y bailando hasta caer extasiados, mientras a lo lejos, muy a lo lejos, unos pocos siguen su partida, rememorando pasadas batallas, lamentándose por no haber sabido qué fue lo que falló, por no haber sido suficientemente listos, porque las BLISS están agotadas, porque ven los hilos...